1. El siguiente relato puede ser cierto o ficticio querido lector, Me llamo Ingry tengo 30 años, en esta ocasión contare mi inicio en el sexo y


    Fecha: 20/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Autor: Johan19, Fuente: SexoSinTabues30

    «Gracias por venir» – me despedía de los invitados de la fiesta de cumpleaños de mi papá, con la sonrisa que la socialización me pedía. La verdad, ya me encontrabas aburrida, mi mamá ya se había ido a la cama, cansada de cuidar a los niños mas chiquitos que corrían por todos lados, y mi hermano se había ido con sus amigos, que seguro ya se encontraba fumando por ahí en la calle.
    
    Mis ojos se posaron en las botellas de cerveza que aun faltando la mitad, se inclinaron por la gravedad en la mesa de la cocina. Decidí que ya era hora de que yo también me tomaría un descanso. Con la excusa de que me iba al baño, me deslice entre la gente, evitando a mi tía que se había emborrachado demasiado y que cada que me veía intentaba contarme sus penas de amores, la verdad, ya no podía mas de su dramatismo.
    
    Cruzando el pasillo, noté que la puerta del baño de mi papá, el que se encontraba al final, estaba cerrada. Sin darle muchas vueltas, pensé que alguien de la fiesta se había adelantado a mi, por lo que me di la media vuelta y me dirigí al baño que había en la sala, el que mi mamá usa generalmente. Al abrir la puerta, me encontré con la sorpresa de ver a Libardo, el amigo de mi papá, con la verga en la mano, orinando en el inodoro. Me congele por un instante, mi cara se lleno de rubor y mis ojos se abrieron de par en par.
    
    Libardo se volvió al escuchar el sonido de la puerta al abrirse, se sonrojo al verme y apresuro sus pasos para terminar de orinar. «Lo siento, Ingry, no sabia ...
    ... que ibas a entrar» – dijo con la cara de un niño que acaba de ser pillado con la manos en la masa, sin siquiera intentar ocultar su miembro.
    
    Mi corazón latió de prisa, no por la situación, si no por lo que mi mirada no pudo evitar observar. Su verga era grande, muchísimo mas grande de lo que me hubiera imaginado, y ahí la tenían, a la luz del día, sin nada que la ocultara. 22 cm de pura virilidad, por lo que había escuchado de mis amigas, que me contaron sus experiencias con chicos mas mayores. Nunca había tenido la oportunidad de ver una, y la de mi hermano, bueno, eso ya era de la infancia, y no contaba.
    
    Mi mente se encontró en un dilema, si correr a cerrar la puerta y disimular o si continuar mirando. Decidí la ultima opción, mi curiosidad se había apoderado de mi. Libardo, aun ruborizado, me miro y sonrió, «Veo que te ha asustado un poquito» – dijo con un tono pícaro en la voz. Yo no supe que responder, solo podía sentir la humedad en mis bragas.
    
    Mi silencio pareció darle confianza, ya que se acerco lentamente a mi, aun sin soltar su verga que ya se había parado, y me tome la barbilla con sus dedos. «¿Te gusta?» – me susurro en el oído. Un escalofrío me recorrió el espinazo. «¿Porque me lo dices?» – respondí con una coquetería que no era normal en mi.
    
    Con la excitación en mi cara, el tomo mi silencio por consentimiento. «Porque se ve que ya estás grandecita» – dijo, sus ojos bajando a mi pecho, que se movía ligeramente a cada respiración agitada que tomaba. Sus ...
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