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El secreto del padre de mi colega - 4
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Gays Autor: Rafi, Fuente: TodoRelatos
Han pasado varias semanas desde aquella tarde en casa de Carlos, cuando nos masturbamos y nos comimos los rabos mutuamente, un recuerdo que aún me quema la mente. Y por si fuera poco, sigo atrapado entre la culpa por lo que hice con su padre, Manuel, y la nueva complicidad cargada de tensión con él. Cada día me despierto con un nudo en el estómago, preguntándome cómo manejar esta situación, pero también excitado por lo que descubrí. Las imágenes de Manuel dominándome y de Carlos gimiendo contra mi polla se mezclan en mi cabeza, y no sé cómo seguir adelante. Una mañana de sábado, mientras estoy en mi habitación mirando por la ventana, mi móvil vibra. Es Carlos. Respondo a la llamada, y su voz suena tensa pero familiar. “Oye, tío, ¿te apetece venir a casa hoy? Quiero ordenar el ático con unas cajas, y pensé que podrías ayudarme. Si puedes, claro.” Me quedo en silencio, mi corazón latiendo fuerte. Pienso que podría ser una oportunidad para hablar con los dos, aunque el nerviosismo me come por dentro. “Eh… sí, vale, voy,” digo, y paso las siguientes horas caminando de un lado a otro, imaginando qué pasará. Llego a su casa a media mañana, el sol ya alto y el aire cálido pegándose a mi piel. La puerta principal está entreabierta, y entro con pasos vacilantes, gritando un “ ¿Hola?” que resuena en el silencio. Nadie responde de inmediato, y subo las escaleras hacia el ático, el crujido de la madera bajo mis pies llenando el vacío. Al llegar arriba, el olor a polvo y madera vieja ...
... me golpea. Veo a Carlos moviendo una caja con cuidado, su figura delgada y su piel blanca brillando bajo la luz tenue que se cuela por una ventana rota. Está solo al principio, pero entonces levanto la vista y ahí está Manuel, de pie junto a un baúl, su camisa desabrochada mostrando el vello oscuro de su pecho, sus ojos clavándose en mí con esa intensidad que me desarma. Me quedo paralizado, mi respiración acelerándose. “Joder,” pienso, “¿qué hace él aquí?” Carlos se gira, su rostro tenso pero con un leve brillo, y dice: “Ah, tío, has llegado. Mi padre dijo que vendría a ayudar.” Manuel asiente, su voz grave rompiendo el silencio. “Pensé que podía echar una mano. Hace tiempo que no subo aquí.” Nadie menciona lo que pasó, y el aire se siente pesado, como si todos estuviéramos conteniendo algo. Empezamos a mover cajas, el roce del cartón y el polvo flotando a nuestro alrededor. Yo cargo una caja pequeña, mis manos temblando, y Carlos ordena unas fotos viejas, evitando mirarme directamente. Manuel levanta una caja pesada, sus músculos tensándose bajo la camisa, y pienso en cómo me hizo sentir esa fuerza antes. Pasan minutos en silencio, solo el sonido de nuestras respiraciones y el crujido del suelo. Finalmente, Carlos se detiene, sosteniendo una foto amarillenta, y murmura: “Este sitio siempre tuvo un rollo extraño, ¿no te parece?” Lo miro, mi corazón latiendo más fuerte, y digo: “Sí, tío, da un poco de yuyu. ¿Y si aprovechamos para hablar de lo que pasa?” Él baja la foto, ...