-
Conseguí a mi cuñada con una historia de fantasmas
Fecha: 24/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Poleodos, Fuente: CuentoRelatos
Me llamo José. Estoy casado desde hace dos años en segundas nupcias con mi actual pareja. La historia que os cuento, sucedió este verano. Desde que comencé mi relación actual, la hermana de mi esposa siempre ha estado muy allegada a nosotros. A la mínima oportunidad, aprovechaba a venir a ver a su familia. Asimismo, tenía una relación excelente con mi hijo, de 7 años, fruto de mi anterior matrimonio. Durante el periodo de vacaciones, mi mujer tuvo que trabajar, debido a que acababa de cambiar de empleo. Mi hijo y yo, estábamos en un apartamento que había alquilado en la playa, para pasar unos días de vacaciones. En realidad, era un piso bastante grande, demasiado para los dos solos. Una tarde, recibí una llamada de mi mujer. Me preguntaba si sería posible que su hermana viniera a pasar unos días con mi hijo y conmigo. Dado el buen trato que manteníamos, no me importó en absoluto. Le comenté que tendría su propia habitación, puesto que, si algo sobraba allí, era sitio. Ella bromeó diciéndome, “no lo dudo, tampoco sería cuestión de que durmiese contigo, ya sabes que soy muy celosa”, dijo entre risas. Mi cuñada es una mujer divorciada. Rubia, con el pelo corto. La podría definir como muy maciza, a pesar de tener varios años más que yo. La situación, me hacía cierta gracia, puesto que pasar unos días en vacaciones con mi cuñada, tenía su morbo, aunque sabía que no pasaría de eso, de una fantasía sexual. A los dos días fui a recogerla a la estación de tren. Nos ...
... besó fraternalmente, tanto a mi hijo como a mí. Pasamos todo el día, y gran parte de la tarde en la playa. Por la tarde dimos un paseo, y dado que el niño se encontraba cansado, decidimos quedarnos en el apartamento a cenar. Había comprado varias delicatessen, así como varias botellas de vino para los días que estaríamos. Mi hijo se fue a la cama enseguida, y nos quedamos solos hablando de nuestras cosas. La conversación, entre risas y motivos serios, iba derivando de un tema a otro. Estábamos ya en torno a la media noche, cuando le dije que esta era la hora de las brujas. Nos reíamos, pero comenzamos a hablar de temas paranormales, fantasmas, apariciones, de casos que habíamos oído hablar, historias antiguas, y brujas. Estuvimos casi tres cuartos de hora contando historias sobre lo mismo. Cuando terminamos la botella de vino, decidimos que era mejor acostarse ya, era un poco tarde y el niño llevaba ya varias horas durmiendo. Al salir del salón, ella me dijo que no me marchase todavía, que la hiciese compañía un rato más, tenía miedo después de estas historias tan truculentas que habíamos contado. Me eché a reír, y le dije: –Eva, por favor, como te puede dar miedo. Además, sabes que estoy en la habitación de al lado, me tienes cerca si me necesitas, –dije riéndome. Más o menos la convencí y fue a su habitación. Me acosté yo también. A los pocos minutos, oí mi nombre, y vi la luz encendida del pasillo. –José, José. Perdóname, pero es que tengo mucho ...