1. Conseguí a mi cuñada con una historia de fantasmas


    Fecha: 24/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Poleodos, Fuente: CuentoRelatos

    ... miedo.
    
    Ya no me reía. Me levanté e intenté consolarla. Estaba tiritando. Llevaba un camisón corto, negro, e iba sin sujetador. Sus pezones se marcaban sobre la suave tela.
    
    Hasta ese día, jamás me había planteado ver a mi cuñada como una mujer atractiva, aunque lo era, pero ahora estaba a mi lado, con poquita ropa, y temblando de miedo.
    
    Al ver que me había levantado, sólo con el bóxer, puesto que hacía bastante calor, me dijo que me fuese de nuevo a la cama, que ya se encontraba mejor, más tranquila.
    
    Yo sabía que no era así. Y le propuse que se quedara a dormir conmigo.
    
    Ella me miró con terror.
    
    –¿Acostarme contigo? Eres mi cuñado, estás casado, y hace mil años que no me acuesto con un tío.
    
    –Mujer, estoy diciendo que duermas, sólo dormir. Estaré a tu lado, nada más.
    
    –¿A mi lado? –Respondió–. ¿Y qué dirá mi hermana?, tu mujer, si se entera.
    
    –Supongo que lo entendería, o quizá no, es muy celosa. Para evitar problemas, no le diremos nada.
    
    –¿Y el niño?
    
    –El niño duerme, y te aseguro que nos levantaremos nosotros mucho antes que él, además, si quieres, luego, cuando se te vaya el miedo, vuelves a tu habitación.
    
    No estaba demasiado convencida, pero su miedo, era mayor que su vergüenza, por lo cual, accedió a dormir conmigo.
    
    Se metió en la cama, apagué la luz, y la abracé por la cintura para tranquilizarla. Ella temblaba, por lo que yo me arrimaba más. Le di un par de besos en la mejilla para tranquilizarla. “Tranquila, bonita. Estoy a tu ...
    ... lado, no te preocupes”.
    
    Yo la tenía de espaldas, y cogida por detrás. Mis manos brazos rodeaban su cintura. En esto, comencé a subir la mano lentamente, para llegar a sus tetas. Eran enormes, igual que las de mi mujer, pero lo más excitante es que eran otras. Su camisón era muy fino, por lo que al palparlo, se podían sentir perfectamente. Las tenía muy duras aún para su edad y para su tamaño.
    
    Al notarlo, ella giró su cara hacia mí.
    
    –¿Qué estás haciendo, José?
    
    –Intento tranquilizarte, te acaricio.
    
    –Me estás tocando los pechos.
    
    En ese momento, temía que montase un escándalo. Le dije que había subido la mano sin querer, pero también, “debes reconocer que era una pena que nadie tocase unas tetas como esas”.
    
    Cuando hice esta afirmación, puse directamente la mano sobre sus mamas, apretando fuertemente una de ellas, y aproveché para darle un beso en los labios.
    
    –¿Estás loco? Estás casado, y además con mi hermana. El niño está en la otra habitación…
    
    Me eché a reír.
    
    –Si, y tú en la cama conmigo. El niño estará durmiendo varias horas más, y en mi cama estás tú porque quieres.
    
    Al oír esto, hizo ademán de levantarse, pero le agarré la mano, y le pedí que se quedara.
    
    –Vale José, pero pórtate bien.
    
    –Ok, no haré nada que no me dejes que haga.
    
    A esta última frase no contestó, por lo cual empecé a suponer que aún me quedaba alguna posibilidad.
    
    Al volverse a tumbar, la besé de nuevo. Esta vez intenté meter mi lengua en su boca. Al principio la tenía ...