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Un día intenso para Mi sumisa (5) - Final
Fecha: 25/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: DominanteMadriZ, Fuente: TodoRelatos
... miradas. Las parejas que nos cruzábamos la miraban más con deseo que con sorpresa. Las salas estaban bastante ocupadas, pero no me dejé llevar por la impaciencia. Recorrí todo el lugar por orden, observando reacciones, buscando algo que me hiciera cambiar los planes. No hubo suerte. Llegamos a nuestro destino: una sala con columpio, potro, mazmorra… La miré; siempre me excita cómo a Sandra se le enciende la mirada al intuir lo que le espera. —Al suelo, perra. Se puso a cuatro patas, arqueando la espalda y ofreciendo su culo. Tiré de la cadena hacia el columpio. Ella siguió la dirección, exagerando el contoneo a pesar del dolor evidente que debía provocarla el plug anal de zorra que llevaba metido. La cara de orgullo y felicidad por sentirse usada como mi perra sumisa no desaparecía ni un segundo. El columpio estaba en la pared del fondo, con la mazmorra y el potro a los lados. Justo enfrente, una cama donde dos parejas que follaban sincronizadas detuvieron el movimiento para mirar cómo la llevaba arrastrada por la cadena. Al llegar, agarré la base del plug y tiré de él sin piedad. Un bufido ahogado escapó de su garganta, más de desaprobación por perderlo que por dolor. Cómo le gusta a esta perra exhibirse… —Arriba, súbete al columpio, perra. Obedeció con destreza felina, subiendo las piernas y acomodándose de manera que quedara bien expuesta: el culo dilatado al extremo, las piernas abiertas, las manos aferradas a las cadenas que la sostenían. Su cara, ...
... centrada en la escena, con la mordaza bien ajustada y los ojos encendidos de deseo, parecía a punto de estallar. —Cómo te gusta estar así, expuesta… que todos sepan lo puta sumisa que eres. Pues hoy van a ver cómo te entra el puño en el culo hasta el codo, perra —le solté mientras me empapaba la mano de lubricante. Metí dos dedos. Después tres, cuatro… cinco. Pasé el hueso del pulgar. La zorra bufaba y babeaba como una cerda, sus gemidos amortiguados por la mordaza, su mirada fija en mí, rogando más. Pasé la muñeca y empecé a mover todo el brazo. Era bestial ver cómo le entraba y salía hasta la muñeca a esta perra. Enfrascado en notar sus reacciones, no me había dado cuenta de que una pareja había entrado en la sala y estaba a unos pasos de nosotros, observando la escena como si fuera un espectáculo privado. Él tenía la toalla en una mano y, con la otra, parecía que le metía algún dedo por el culo a su pareja, como para animarla. Ella, sin dejar de mirar cómo le entraba el puño a mi perra, le pajeaba. —Acercaos a esta perra, le encanta que vean lo zorra que es y que sepan que pueden hacer con ella lo que les dé la gana —dije, sin parar el ritmo con mi brazo, provocando que Sandra soltara un gemido ahogado y asintiera con la cabeza mientras sus ojos se abrían más. La mujer soltó la polla de su pareja y avanzó hacia nosotros, mientras el marido retiró los dedos de su culo y la siguió. —Aquí tenéis gel hidroalcohólico —les ofrecí, señalando la repisa lateral—. ...