1. El círculo. Cap.29. La entrevista


    Fecha: 26/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Ixchel Diaz M, Fuente: TodoRelatos

    ... una ventaja cómoda. Hoy, ya no. Algunas casas encuestadoras hablan de un empate técnico, pero Red Data MX —sí, la misma que le atinó en Chiapas— da una ventaja de dos puntos a la candidata independiente, Abril Barduján.
    
    Helena giró el rostro. Bajó el volumen con un solo toque. Silencio.
    
    —¿Es verdad que traicionaste al Círculo? —preguntó.
    
    La pregunta flotó como humo. Damián no la miró. Seguía con la vista en la carretera. Pero su mano no se detuvo. Subió un poco más, hasta la curva interna del muslo. Ella no se movió. Lo dejó estar.
    
    —Estoy trabajando en la campaña de Serrano —dijo él, con voz baja, sin tensión—. Tengo gente en campo. En redes. En medios. Moviéndose con su candidatura. Con el Círculo.
    
    —Eso no responde mi pregunta.
    
    —No tengo nada que ocultarte.
    
    —¿Abril está en la contienda… por ti?
    
    Un semáforo rojo los detuvo. Damián giró lentamente el rostro. La miró con esos ojos oscuros que no temían casi nada. Casi.
    
    —Abril está en la contienda porque el poder llama al poder. Y a veces… lo desafía.
    
    Helena lo sostuvo con la mirada un instante más. Luego sonrió. Casi como si esa respuesta, lejos de ...
    ... enfurecerla, le encendiera una certeza.
    
    —La candidatura de Serrano no fue del Círculo —dijo, bajando la voz—. Fue de Lorenzo. Se la impuso a todos. Como impuso a Valeria. Como me quitó mi lugar.
    
    Damián no contestó. Su mano se deslizó un poco más arriba, casi en la entrepierna. Helena exhaló suave, cerró los ojos por un segundo.
    
    —Yo pensaba que tú —dijo entonces, sin prisa— hubieras sido un mejor candidato. El único que podría haberle ganado a la puta esa. A la de los TikToks. A la de las frases limpias y los trajes modestos.
    
    Él solo sonrió. Apenas. El semáforo cambió. El auto siguió su curso. Y con él, la entrega total de una mujer que había vuelto a creer. Que ya no necesitaba explicación, porque tenía dirección.
    
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    Cuando llegaron al edificio, Helena no quiso que él subiera. Le acarició la mejilla. Le besó la comisura de los labios. Y le dijo al oído, antes de bajarse:
    
    —Gracias por esta noche.
    
    Damián no respondió. Solo la vio caminar hacia la puerta con paso lento, firme. La camisa suya aún en su cuerpo. Los muslos aún húmedos. La voluntad, ya no suya. La obediencia acababa de sellarse. Y él, lo sabía. 
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