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La tradición de la familia Torres
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... serenidad de los veteranos como Miguel hasta el puro terror de los más nuevos, que parecían aspirantes a ser sacrificados. —La primera vez es abrumadora —le susurró Ricardo a Luis, cuya mano sudorosa apretaba una copa de whisky que le habían dado para el valor—. No trates de racionalizarlo. Solo… déjate llevar. Es un torbellino. Una campanilla sonó en el salón contiguo. Las grandes puertas dobles se abrieron. La visión le quitó el aliento a Luis. El salón era enorme. Y estaba alfombrado, literalmente, con mujeres. Arrodilladas, con la espalda arqueada y la cabeza gacha, formaban hileras y hileras de piel y curvas que se perdían en la penumbra. Decenas. Tal vez más de cincuenta. Desde las nalgas jóvenes y firmes de primas políticas y cuñadas, hasta las curvas más maduras de tías, e incluso, con un escalofrío que le recorrió la espina dorsal, las formas venerables y arrugadas de abuelas y bisabuelas. Todas iguales en su postura. Todas ofrecidas. Todas esperando. Era un mar de carne. Una locura. Un sueño erótico distorsionado y a la vez, la realidad más intensa que jamás había vivido. No había un orden establecido. La tradición aquí era el caos ordenado. Los hombres comenzaron a dispersarse, cada uno dirigiéndose a una mujer, o a un grupo. Algunas mujeres, las de los veteranos, alzaban levemente la cadera en invitación al reconocer a su hombre. Luis se quedó paralizado en la entrada, abrumado por la magnitud del ritual. Hasta que sintió una mano en su ...
... espalda. Era Miguel. —No pienses. Elige una y comienza. Es una noche de dar y recibir. De honrar a toda la familia. Con el corazón encogido, Luis avanzó. Su mirada se cruzó con la de una de las primas lejanas, una joven de cabello oscuro que lo miró por sobre el hombro con ojos ansiosos. Se arrodilló detrás de ella. Sus manos temblorosas encontraron sus caderas. El contacto fue como una descarga. La penetró, y ella gimió, hundiendo la espalda aún más. Fue rápido, intenso, solo el acto inicial para romper el hielo del terror sagrado. Al retirarse, otra mujer, una tía abuela a la que solo veía en Navidad, ya estaba a su lado, moviendo las caderas en invitación silenciosa. Luego fue el de alguna cuñada. Luego una de las abuelas, cuya piel tenía la textura suave, pero cuyo interior era una calidez sorprendente y aceptante que lo dejó sin aliento. El sonido era monumental. Un coro de jadeos, gemidos, susurros de nombres y el constante, rítmico y húmedo choque de carne contra carne que reverberaba en el gran salón como la respiración colectiva de un solo organismo enorme y lascivo. Perdió la noción del tiempo. Perdió la noción de sí mismo. Ya no era Luis. Era un instrumento, un vehículo de placer y conexión. Recorría las hileras, y mujeres que conocía sólo de vista le rogaban con los ojos que las eligiera. Vio a Ricardo, sudoroso y con la mirada vidriosa, moviéndose entre tres primas a la vez. Vio a Miguel, con una respetable dignidad, honrando a su suegra decrépita con una ...