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La tradición de la familia Torres
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... ternura que era profundamente conmovedora. En un momento de calma en su frenesí, encontró a Sofía. Su esposa estaba siendo "atendida" por un primo lejano. Sus miradas se encontraron por encima del hombro de él. No hubo celos. No hubo posesividad. Solo un reconocimiento profundo, un amor amplificado por el compartir absoluto. Él le sonrió, y ella le devolvió la sonrisa, un gesto de puro éxtasis y pertenencia, antes de que otro hombre, un tío político, lo tomara del brazo y lo guiara hacia donde estaban su mujer y su hija, ofreciéndoselas con un orgullo extraño. La noche fue un vortex de sensaciones. Pieles de todas las texturas, gemidos de todos los tonos, el sabor salado del sudor ajeno. Era extenuante, abrumador y, de una manera que jamás podría explicar. Cuando finalmente cayó, exhausto, sobre un diván en un rincón, vacío y completamente agotado, observó el panorama. Hombres y mujeres descansando entrelazados, riendo suavemente, compartiendo agua, reconfortándose. El aire, antes cargado de tensión sexual, ahora olía a paz. A unidad. Sofía se acurrucó a su lado, apoyando la cabeza en su pecho. —¿Estás bien, mi amor? —preguntó, su voz ronca por los gemidos. Luis la abrazó, mirando el increíble, alocado y tabú espectáculo de su familia extendida, unida de la manera más íntima imaginable. —Sí —susurró, y era la verdad más profunda que había sentido—. Esto es… una locura. Pero es nuestra locura. Era el clímax del año. La gran unión. Y Luis, finalmente, ...
... entendía que cada jueves, cada ritual semanal, era sólo un ensayo para esta noche. La noche en que la familia, en toda su extensión, se recordaba a sí misma que, por extraño que fuera, su lazo era indisoluble, forjado en el fuego del deseo más primal y la aceptación más absoluta. … El suave tintineo de su teléfono marcando las 8:30 pm era la única campana que anunciaba el ritual. Jueves. Luis dejó su taza de té en el fregadero, apagó la televisión y se dirigió al baño con una calma que hubiera sido inimaginable años atrás. Se duchó con un agua no demasiado caliente, se enjabonó con el gel de sandía que a Sofía le gustaba y se secó meticulosamente. No había prisa, pero sí con una especie de emoción. De la alacena bajo el lavabo sacó el frasco de vidrio opaco con la mezcla de aceites que ellas preferían: almendras dulces, una gota de sándalo, un toque de vainilla. Se vistió con una bata de algodón suave y descalzo, como siempre, se dirigió a la sala. La escena era tan familiar como reconfortante. La luz tenue, el aroma a lavanda, los cojines de terciopelo granate dispuestos en el centro. Y sobre ellos, arrodilladas y con la espalda elegantemente arqueada, esperaban. Carmen, Sofía, Elena. Su trinidad semanal. Su vicio. —Buenas noches —saludó Luis, y su voz sonó serena, dueña de un espacio que una vez le había aterrorizado. Tres murmullos suaves le respondieron. «Buenas noches, Luis». Se acercó a la pequeña mesa auxiliar, dejó el frasco de aceite y se arrodilló ...