1. Un pecado inolvidable


    Fecha: 29/04/2026, Categorías: Confesiones Autor: Adribdjz, Fuente: TodoRelatos

    ... apartada, nos echamos unas copas y cogimos algo de cena, empezamos hablamos amistosamente, como si no supiéramos las intenciones el uno del otro, pero el aire estaba cargado. Sus ojos verdes, brillando con picardía, no se apartaban de mí. Cada vez que se inclinaba para hablarme, su mano rozaba mi brazo, y mi erección era más que palpable.
    
    —Javi no me entiende —dijo de repente, con un suspiro, mientras jugaba con el borde de su copa—. Necesito algo… más.
    
    No hizo falta que dijera nada más. Me acerqué, mi rodilla rozando la suya bajo la mesa, y le susurré: “Si quieres más, dímelo”. Su sonrisa fue puro fuego, nos lanzamos el uno contra el otro. Sus labios eran suaves, con sabor a ron y deseo, y su lengua se enredó con la mía en un beso que me hacía pensar que todo aquello era alguna especie de fantasía. Le arranqué el vestido, dejando al descubierto un conjunto de encaje negro que apenas contenía sus tetas. Las besé, chupando sus pezones rosados, que se endurecieron bajo mi lengua. Ella gemía, tirando de mi pelo, y cuando le quité las bragas, vi su coño, depilado y ya húmedo, bajo la luz tenue.
    
    —Joder, qué buena estás —murmuré, arrodillándome para lamerla. Mi lengua trazó círculos en su clítoris, lento al principio, luego más rápido, mientras ella se apoyaba contra la pared, gimiendo mi nombre. Metí un dedo, luego dos, sintiendo cómo se apretaba a mi alrededor, y no pasó mucho antes de que empezara a temblar, con sus manos apretando mi cabeza contra ella.
    
    No pude ...
    ... esperar más. Me quité la camiseta y los vaqueros, mi polla dura y lista. Ella se mordió el labio al ver el piercing en mi pezón y se acercó a lamerlo, enviando una corriente directa a mi entrepierna. “Siempre he querido hacer esto”, susurró, antes de bajar y tomar mi polla en su boca. Joder, qué boca. Chupaba con una mezcla de suavidad y hambre, su lengua jugando con la punta mientras sus manos acariciaban mis huevos. La dejé hacer, disfrutando cada segundo, hasta que sentí que estaba al límite.
    
    —Para, o me corro ya —dije, con la voz ronca.
    
    Ella levantó la vista, con una sonrisa traviesa. “Córrete en mi boca”, dijo, y volvió a chuparme, más rápido, más profundo. No pude aguantar. Me corrí con un gruñido, y ella lo tragó todo, sin dejar ni una gota, mirándome con esos ojos verdes que me volvían loco.
    
    Esa noche follamos sin parar. En el sofá, con ella montándome, su culo rebotando mientras chupaba sus tetas, en la barra, a cuatro patas, embistiéndola mientras ella gritaba de placer. Incluso me atreví a indagar por su culo, quería rompérselo, sus piernas alrededor de mi cintura, sus uñas clavándose en mi espalda. Cada polvo era más intenso, más sucio, como si quisiéramos quemarnos el uno al otro.
    
    Pero Clara no estaba satisfecha. Se giró, poniéndose a cuatro patas en el sofá del local, su culo espectacular frente a mí, como una invitación imposible de rechazar.
    
    “Dame por detrás”, dijo, con la voz ronca, mirándome por encima del hombro. Mi polla dio un salto, no me ...