1. Un pecado inolvidable


    Fecha: 29/04/2026, Categorías: Confesiones Autor: Adribdjz, Fuente: TodoRelatos

    ... estaba creyendo lo puta que era ni que me tuviera tantas ganas, ya que sabía con certeza que Javi nunca había conseguido convencerla para follar por el culo. Entonces busqué un condón, me lo puse y me acerqué. Primero jugué con su coño, penetrándola despacio, luego, con cuidado, deslicé la punta de mi polla hacia su culo. “Ve despacio”, susurró, pero su tono era puro fuego. Empujé, y joder, su culo era increíblemente apretado, como un guante caliente que me envolvía con una presión casi insoportable. Cada centímetro era una lucha deliciosa, su cuerpo resistiendo y cediendo a la vez, hasta que estuve dentro, profundo, y ambos gemimos al unísono.
    
    —Dios, siempre quise romperte el culo Clara —gruñí, sintiendo cómo su culo me estrujaba, una sensación tan intensa que casi me hace perder el control.
    
    —Sigue, no pares —jadeó, moviendo las caderas, marcando el ritmo.
    
    Empecé a moverme, lento al principio, dejando que se acostumbrara, cada embestida un pulso de placer puro. Su culo era tan apretado que sentía cada detalle, cada contracción, como si estuviera diseñado para volverme loco. Aceleré, embistiéndola con más fuerza, mientras mi mano se deslizó para acariciar su clítoris. Ella gritó, empujando contra mí, sus tetas balanceándose con cada golpe. El local lleno de sonidos: sus gemidos, mis gruñidos, el roce de nuestros cuerpos sudados. Cambiamos de postura, ella ...
    ... encima, montándome con su culo apretándome aún más, una presión que me llevaba al borde. Chupé sus tetas, mordiendo sus pezones, mientras ella se movía con una furia que hacía temblar todo.
    
    —No aguanto más —dije, sintiendo el clímax acercarse.
    
    Ahí fue cuando saqué mi polla que iba a reventar, me quité el condón y dejé toda la leche que me quedaba en la comisura de su culo.
    
    Volvimos a quedar una semana después, esta vez en mi coche, en un descampado a las afueras. No había nada romántico, solo pura necesidad. Aparqué bajo unos árboles, y en cuanto nos metimos en el asiento trasero, ella se quitó la camiseta y los vaqueros. Sin preámbulos, se puso encima de mí, su coño apretándome mientras se movía como si su vida dependiera de ello. Gemía tan alto que temí que alguien nos oyera. Cuando la follé contra el asiento, con sus piernas en mis hombros, se corrió tan fuerte que su cuerpo tembló durante minutos. Yo me corrí dentro de ella, y nos quedamos allí, sudados, riendo entre jadeos.
    
    Poco después, Clara dejó a Javi. Se echó otro novio, y no volví a hablar con ella. Pero cada vez que pienso en esos polvos, en su culo perfecto, en su boca tragándoselo todo, en la forma en que gemía mi nombre, me pongo duro al instante. Es un recuerdo que me persigue, y no pasa mucho tiempo sin que me masturbe recordándola, reviviendo cada segundo de esos momentos que aún me erizan la piel. 
«123»