1. Diario de Lucy


    Fecha: 02/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Lucie Velle, Fuente: CuentoRelatos

    ... más que cualquier frase explícita. Sentía mis muslos tensarse, mi sexo palpitar contra la tela de las bragas, y lo único que podía pensar era en cuánto tardaría en romper esa distancia.
    
    Nuestras rodillas se rozaron bajo la mesa. Apenas un contacto, pero me recorrió un escalofrío. Él no apartó la pierna, y yo tampoco. El roce se convirtió en presión, una invitación muda. Su mano descansaba sobre la barra, la mía sobre mi copa, y la tensión era tan densa que casi podía palparla.
    
    No hablamos mucho. No lo necesitábamos. Yo sabía lo que él pensaba, lo que él imaginaba, y él sabía lo mismo de mí. Todo estaba escrito en nuestras miradas, en el modo en que respirábamos, en cómo nuestros cuerpos se inclinaban uno hacia el otro sin darnos cuenta.
    
    En un momento, él se acercó más, tanto que su aliento rozó mi oreja.
    
    —Eres exactamente como te había imaginado —susurró, y sus palabras bajaron directo a mi vientre.
    
    Yo cerré los ojos un instante y respiré hondo, porque sentí cómo mis bragas se humedecían aún más con solo escucharlo. Me giré, lo miré y le devolví el susurro:
    
    —Y tú… eres aún peor de lo que pensaba. Me estás volviendo loca sin siquiera tocarme.
    
    Él sonrió apenas, esa sonrisa contenida que parecía esconder una furia detrás. Y en ese momento entendí que no había vuelta atrás. Que lo que fuera a pasar esa noche iba a marcarme, iba a quedarse grabado en mi piel como una cicatriz deliciosa.
    
    Mi copa quedó olvidada sobre la barra. Sus dedos rozaron mi muslo, ...
    ... apenas, como quien prueba el terreno, y yo dejé que lo hiciera. Ese roce fue más poderoso que cualquier caricia completa. Sentí la electricidad recorrerme, subir, instalarse en mi ya húmedo coño, haciéndome apretar las piernas con fuerza.
    
    Ya no quería hablar. No quería juegos. Solo quería que me llevara donde todo pudiera explotar.
    
    Y entonces se levantó, pagó con calma, como si no tuviera prisa, pero su mirada me ordenó seguirlo. Y yo lo hice, con las piernas ardiendo, con el corazón latiéndome en el sexo, con la certeza de que estaba caminando hacia una noche que no olvidaría jamás.
    
    El pasillo hacia el ascensor me pareció eterno. Caminaba detrás de él y con cada paso sentía la humedad pegada a mis bragas, la tela mojada frotándose contra mis labios hinchados de deseo. Mis tacones resonaban en el suelo como un tambor marcando el ritmo de lo que vendría. Cuando se detuvo frente al ascensor, me coloqué a su lado y nuestras manos no se tocaron, pero el aire entre nosotros ardía.
    
    Las puertas se abrieron, entramos y el silencio se volvió insoportable. Apenas se cerraron detrás de nosotros, sentí su cuerpo acercarse con una violencia contenida, y en un segundo mi espalda chocó contra el espejo. El sonido del impacto me arrancó un gemido, que él devoró con su boca al instante. Su beso no fue un beso, fue un asalto. Sus labios aplastaron los míos con hambre, su lengua invadió mi boca y yo me rendí al choque, jadeando entre sus labios, dejándome dominar.
    
    Su mano se deslizó ...