1. Diario de Lucy


    Fecha: 02/05/2026, Categorías: Hetero Autor: Lucie Velle, Fuente: CuentoRelatos

    ... por mi muslo, lenta al principio, como si quisiera torturarme, pero enseguida subió con fuerza bajo mi vestido. El roce de sus dedos contra mis medias me arrancó un gemido más alto, y sin pensarlo tomé su muñeca y la llevé hasta donde yo más lo necesitaba.
    
    —Mira lo que me haces —susurré, con la voz quebrada, mientras sus dedos se hundían entre mis labios a través de la tela empapada.
    
    Él gruñó contra mi boca al sentirlo, y con un movimiento brusco corrió mis bragas a un lado. Su dedo me rozó directamente y mi cuerpo entero tembló. Me abrió con facilidad, encontrándome tan húmeda que el sonido de su dedo entrando en mí llenó el ascensor. Me mordí el labio, intentando contener el grito, pero él me agarró del pelo con la otra mano y me obligó a mirarlo a los ojos mientras me penetraba con los dedos.
    
    —No quiero que lo calles —me dijo, y esa orden me rompió. Gemí fuerte, incapaz de contenerme. Sus dedos entraban y salían de mí con un ritmo firme, húmedo, brutalmente preciso, mientras su otra mano mantenía mi cabeza en alto, obligándome a no escapar de su mirada. Sentía mi coño palpitar alrededor de sus dedos, tan mojada que el ascensor entero parecía escuchar el sonido obsceno de cómo me abría.
    
    —Eso… mírame —susurró contra mi boca, su aliento caliente, sus labios rozando los míos sin besarme del todo.
    
    Yo me arqueé, empujando mis caderas contra su mano, buscando más, necesitando más, incapaz de frenar la urgencia que me devoraba. Mis medias se estiraban con cada ...
    ... movimiento de sus dedos, y el contraste del nylon contra mi piel mojada me arrancaba gemidos que no reconocía como míos.
    
    —Más —le pedí con un hilo de voz, casi un sollozo.
    
    Él sonrió con ese gesto cruel y excitante a la vez, y me metió un segundo dedo de golpe. Grité, el sonido ahogado contra su boca, y sentí cómo me llenaba, cómo la presión me hacía perder el control de mis piernas. Mis tacones golpeaban el suelo del ascensor, mis muslos se tensaban alrededor de su mano, y el espejo vibraba con cada espasmo de mi cuerpo.
    
    Yo no podía creer lo rápido que me estaba llevando al borde, sin piedad, sin espacio para pensar. El ascensor seguía subiendo, pero en mi cabeza no había tiempo, no había destino. Solo existía ese momento: sus dedos dentro de mí, su mano tirándome del pelo, su mirada devorándome entera.
    
    Cuando estuve a punto de romperme, de caer en un orgasmo imposible de contener, él me soltó de golpe. Mis piernas temblaron, la frustración me arrancó un gemido casi rabioso, y antes de que pudiera reclamarlo me giró con fuerza y me pegó contra el espejo. Sentí el frío del cristal en mis pechos, el calor de su cuerpo presionando mi espalda, y su mano bajando otra vez, esta vez más abajo, hasta hundirse entre mis nalgas.
    
    Un jadeo se me escapó sin control cuando su dedo, húmedo de mi propio jugo, se deslizó peligrosamente más allá, acariciando la zona más prohibida. Mi cuerpo se arqueó de puro instinto, mi respiración se cortó, y su boca en mi oído soltó un gruñido ...