-
Culeandose a su recatada madre por desquite
Fecha: 04/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Roger David, Fuente: TodoRelatos
... ambos destapados, por lo que en forma desconcertada se dio a preguntar, ―Eeeh… ¿Qué es lo que pasa mamá? ¿Porque nos destapas? ―No lo sé, cariño. Es solo que me siento ahogada, uff, ¡Necesito algo de aire! Por favor, ve a abrir la ventana. ―Claro ―dijo el expectante muchacho creyendo acertadamente que esa reacción se podría deber al efecto de los raspaditos de pastilla. Una vez que ya estuvo de vuelta en la cama se volvió a acomodar tal cual como lo había estado hace algunos momentos. La mujer por su parte ya sentía como su sistema cardiaco poco a poco bajaba de ritmo, lo que la llevó a calmarse un poco. Sin embargo, sentía que su cara le ardía. La sensación era la misma de cuando ella se ruborizaba por algo, pero esta vez multiplicado por diez. Una nerviosa adrenalina la recorría entera, desde la punta de sus pies hasta el nacimiento de sus cabellos, los que sentía que se le erizaban sin haber motivo alguno para ello. Luego sintió una extraña sensación en sus redondos pechos. Era algo así como si los sintiera crecer y endurecer al mismo tiempo, causándole algo de dolor. Pero lo más extraño de todas aquellas reacciones que sentía en su cuerpo, eran que de un momento a otro le vinieron unas tremendas sensaciones de cómo querer orinarse ahí mismo en el lecho. Sabía que eso era casi imposible ya que antes de pasar a la cama había vaciado su vejiga, por lo tanto, sabía que estaba vacía. Pensaba que todo eso era muy raro. Los minutos pasaban y Mónica no se ...
... daba una explicación lógica a su ansioso estado de ánimo. Sentía como su frecuencia cardiaca a veces aumentaba, al igual que su presión arterial, y estando en estas acaloradas disyuntivas fue asaltada por unas tremendas ganas de masturbarse que no tenían explicación alguna. De un momento a otro ya quería y necesitaba abrirse de piernas para tocarse su vagina. Su cuerpo se lo demandaba imperiosamente, pero no podía hacer eso ―si su propio hijo en esos momentos estaba abrazado a su cuerpo ―se decía, a la vez que buscaba una explicación razonable a la extraña forma en que estaba reaccionando su anatomía. Laureano, atento a todas las reacciones que estaba evidenciando Mónica, supo que la pastilla estaba haciendo su trabajo. Fue testigo presencial del momento en que su progenitora, quien ya respiraba agitadamente, levantó uno de sus blancos y soberbios muslos, para ella misma acariciarlo y dejarlo caer hacia un lado, quedándose semi abierta; para luego dejar paseando una de sus manitas en su bajo vientre. El excitado muchachón, que también estaba con su sistema nervioso alterado por todo lo que estaba ocurriendo en la cama, encontró que sería una excelente estrategia por ahora hacerse el dormido para medir bien cuál sería el mejor momento de subirse y acomodarse entre medio de sus piernas para por fin poseerla y marcar su territorio. Mónica que por su parte ya estaba más que desesperada. Una vez habiendo abierto uno de sus muslos en la forma más disimulada que pudo, sentía ...