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Amor, pasión y sexo con mi sobrina Florencia
Fecha: 05/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Pepitito, Fuente: CuentoRelatos
Mi nombre es Ignacio, pero todo mundo me conoce por Nacho. Soy un tipo normal, es decir que me gustan mucho las mujeres. Estoy casado, pero cuando se presenta la ocasión me apunto a lo que se presente, obviamente con algunos límites estéticos. Tengo casi 40 años y llevo 12 de casado con Olga, mi esposa. Un hermano de Olga tiene una hija llamada Florencia que hoy tiene 23 años; recibida de arquitecta después de una carrera brillante trabaja en un estudio vecino a mi oficina. Sin ser una mujer físicamente espectacular podría decirse que tiene sus atributos bien distribuidos. No es bonita de cara, pero como siempre va sonriente tiene un encanto particular. Tiene unos lindos senos, normales y nada de exuberancia en ellos, pero sus piernas largas y estilizadas dan un excelente marco a su cola que es singularmente atractiva por su tamaño y forma curvilínea. Con Florencia siempre hemos tenido mucha química. Desde que la conocí durante mi breve noviazgo hicimos buenas migas. Siempre tuvimos una relación muy afectiva. En las reuniones familiares buscaba permanentemente estar cerca mío, porque decía, que yo era su tío favorito. Dado que trabajábamos muy cerca, la relación se estrechó porque más de una vez nos poníamos de acuerdo para viajar juntos en mi auto. La dejaba en la casa de sus padres, camino a la mía, ocasión que servía para conversar sobre muchos temas, incluido el sexo. La situación había cambiado hace algunos días. Florencia en dos años de duro trabajo, ...
... había logrado comprar un departamento para salir de la esfera paterna. Demás está decir que está orgullosa porque lo considera su primer logro económico. El episodio que voy a relatar sucedió hace un par de semanas y aún hoy no salgo de mi asombro y regocijo. Salía en mi auto pensando donde cenaría porque era viernes y se avecinaba un fin de semana sin planes porque mi mujer e hijos estaban pasando unos días de vacaciones fuera de la ciudad. Al poco de hacer unos metros, veo a Florencia caminando. Detuve el coche y le pregunté adonde se dirigía y si la podía acercar. Me respondió que iba a su departamento y de mucho gusto aceptó que yo la llevara, aunque me desviara de mi camino. En el trayecto conversamos de varios temas triviales hasta que le pregunté qué haría ese fin de semana. Me respondió que esa noche la iba a dedicar al descanso porque había tenido una semana agotadora y que recién al día siguiente saldría con unos amigos. Cuando llegamos me preguntó: —Tío, ¿no quieres bajar a conocer mi departamento? Te advierto que es pequeño pero muy acogedor. —Claro que sí, se lo mucho que te costó y lo orgullosa que estás de él. Aproveché que en el camino hay una tienda de vinos y compré un par de botellas frías de cava, para brindar por la compra del departamento. Al llegar, Florencia me invitó a pasar revista de los espacios que no eran muchos, pero ella los había arreglado con muy buen gusto. Me llamó la atención que el dormitorio tenía una cama de dos ...