1. La maestra de español (1)


    Fecha: 06/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: angelpph, Fuente: CuentoRelatos

    ... estaba pensando en algo.
    
    Ella sonrió, entre burlona y curiosa.
    
    Yésica (bromeando):
    
    —¿En una chica, verdad?
    
    Ángel:
    
    —No… no, para nada.
    
    Y en mi cabeza pensé:
    
    “Sí… pero no cualquier chica. No dejo de pensar en usted.”
    
    Donde estaba sentado no eran los típicos pupitres. Eran esas mesas largas para tres alumnos, con la típica rejilla de metal abajo para poner libros o mochilas.
    
    Saqué mi celular, no para tomarle fotos ni nada por el estilo, sino para buscar en internet unas dudas que tenía sobre los ejercicios.
    
    Y es que, aunque algunas cosas eran fáciles, otras sí me costaban… o bueno, eso pensaba yo.
    
    Me hice el que escribía, con la cabeza agachada y el celular encendido entre las piernas.
    
    Y en eso, alcé los ojos para volver a verla.
    
    Y entonces… la vi.
    
    Tenía las piernas cruzadas, lo que hizo que el vestido se levantara aún más, dejando ver más piel, y formando ese típico hueco oscuro donde ya no se distingue si hay ropa interior o no.
    
    Sentí una descarga por todo el cuerpo.
    
    El corazón a mil.
    
    Y justo en ese momento, una voz profunda me sacó del trance:
    
    Profe Juan:
    
    —Ay, Ángel… tú no cambias.
    
    Era el profe de química, uno de los más estrictos de la escuela. Me había dado clase en primer año y también lo terminé reprobando. Por un segundo pensé que me había cachado viendo o con el celular… pero no.
    
    Solo fue su forma de decirme que ya me conocía.
    
    La maestra Yésica se levantó rápido para hablar con él. Escuché el ...
    ... sonido fuerte de sus tacones al caminar, que retumbaban por todo el salón.
    
    La vi de espaldas.
    
    Ese vestido, ese gran culo del que tanto habíamos hablado mis amigos y yo, se movía con cada paso. Y sus piernas, largas, firmes, bronceadas… me dejaron completamente hipnotizado.
    
    No podía dejar de verla. Imaginaba mis manos ahí, acariciándola.
    
    Volvió a cerrar la puerta, justo cuando se empezaba a escuchar el ruido del equipo de voleibol en la cancha.
    
    Yésica (murmurando):
    
    —Estos chicos ya van a empezar…
    
    Al parecer iban a entrenar para una final, y como no había otra cancha, usaban la de básquetbol. El sonido de los balonazos y gritos se empezó a escuchar más fuerte.
    
    Yo… seguía ardiendo por dentro. Literal.
    
    El salón estaba caluroso, las ventanas cerradas, el ambiente algo sofocante. Y para rematar…
    
    Yésica:
    
    —Ángel, prende el ventilador, por favor.
    
    Era uno de esos ventiladores altos, casi pegado al techo. Me congelé.
    
    Llevaba un pants flojo, pero mi erección seguía firme y me daba miedo que se notara. Me levanté casi corriendo.
    
    Ángel:
    
    —S-sí, sí voy…
    
    Lo prendí y regresé. Ella parecía no haberse dado cuenta… o al menos, no lo demostró.
    
    Quedaba todavía una hora de clase. Revisé mi celular: un mensaje de mi mamá preguntando a qué hora llegaría para esperarme a comer.
    
    Pasaron unos minutos y entonces:
    
    Yésica:
    
    —A ver, Ángel, ¿cómo vas?
    
    Se levantó y se acercó a mi mesa. Me puse nervioso… demasiado.
    
    Se paró a mi lado y ...
«1...345...»