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De monja a putita
Fecha: 09/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Montes Federico, Fuente: CuentoRelatos
... de golpe, se desvistió como si alguien la obligara, se acostó y ya desnuda en la cama me dijo que estaba lista. Me quedé sin saber que hacer. -“Laura, vestite, no entiendo que hacés”. -“Vos querés tener sexo conmigo, tenelo. Ya sé que es parte del trato y lo acepto. Me gusta salir con vos y si esto es necesario, tomame por favor”. -“No te voy a tomar, ni a coger ni tenes obligación de nada. Además ni se me para así, es como cogerse una puta o una muñeca inflable y yo entiendo el sexo como algo compartido y disfrutado por ambos. Vestite por favor y hablemos”. Me llevó más de dos horas de charla terminar de entender lo que pasaba y lograr que ella me diga sus temores, sus trabas y sus traumas. Me dijo que después de su separación era lo más parecido a una monja, hacía diez años que no tenía relaciones y que el sexo le producía repulsión. Hija única de un matrimonio entre un hombre muy mayor y una mujer joven ¿forzado por la familia? ¿obligado por un embarazo no deseado? Ella no contó nada que mostrara cariño entre ellos. El padre muy católico, chupa cirios, la crio como una muñeca cuidada y resguardada de los peligros del exterior (hombres soeces y lascivos) y exaltando las virtudes cristianas de la castidad y el recato. Además de ser terriblemente posesivo. Se casó (en gran parte llevada por los preceptos de haber pecado) con el primero con el cual su calentura la llevó a la cama y resultó un golpeador y un violento. Para colmo, las únicas dos experiencias ...
... después de separarse fueron de tipos que lo único que querían era un agujero para ponerla. Todo en el sexo le costaba y aún más, le causaba rechazo. Tuvo dos hijos de muy joven (vivían con el padre en Buenos Aires, donde iban a la Facultad) y ahora era adjunta en un buffet de abogados. -“Laura no pienso ni tocarte si no lo vas a disfrutar. ¿No te gusta abrazarme, besarme, acariciarme?”. -“Si, obvio”. -“Bueno, voy a mostrarte algo para que entiendas lo que me pasa, besame y acariciame para mostrarme que es cierto”. Me saqué todo menos el bóxer, me acosté en la cama, me puse una máscara ciega y me tomé del respaldo. Le dije que no iba a sacar mis manos de ahí y que era libre de acariciarme o besarme como quisiera. Me dio unos besos e hizo algunas caricias por un rato, pero me dijo que así no le gustaba, sin que yo participara. “Bien”, le dije, “así me pasa a mi en el sexo con vos. Si vos no estás, no sirve. No quiero tu cuerpo, te quiero a vos”. Empezaron a brotarle lágrimas y se acostó abrazándome y me pidió que la abrazara, lo cual hice. -“Perdoname, me cuesta mucho. Mis experiencias fueron malas y lo único que conocí de los hombres eras sus ganas de usar mi cuerpo y, a veces, para intentar una relación, lo permitía solo para salir más lastimada. Pero veo que vos sos distinto. Perdoname, ¿podemos ir muy despacio?, ¿podemos hacer la prueba de que me acaricies toda y me beses, pero sin tocar mi sexo?”. -” Si, pero dejame incluir tus pechos, porfi. No te vas a ...