1. De monja a putita


    Fecha: 09/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Montes Federico, Fuente: CuentoRelatos

    ... arrepentir”.
    
    La fui desnudando lentamente hasta dejarla en bombacha, besándola y acariciando todo su cuerpo. Tuve cuidado de acomodarme sin tocarla, me puse de costado enfrentándola y le dije que, cuando quisiera, me abrazara. Despacio, suavemente, con movimientos torpes y casi temerosos, fue pasando los brazos y pegándose a mi hasta que estuvo fundida a mi cuerpo. Apenas le acaricié la espalda y le di un tierno beso. No podía aceptar su conflicto, no era mi forma de pensar y me costaba entenderla, pero entendí que para ella era un momento sumamente difícil. Nos quedamos así un largo rato, hablando en susurros.
    
    Le dije que se ponga boca abajo y, le pedí que por favor cerrara los ojos y me dejara mimarla. Me puse sobre ella y usando una crema con alcanfor le hice masajes desde el cuello hasta los pies durante media hora, cuidándome bien de cualquier masaje en sus zonas erógenas. Poco a poco su cuerpo se fue aflojando de la tensión inicial y empezó a disfrutar. Después empecé nuevamente por su espalda hasta los pies, con caricias mezcladas con besos. Volví a subir hasta sus nalgas y pasé mi dedo sobre la raya, rozando apenas su ano y su vagina. Tembló toda cuando lo hice.
    
    Seguí acariciando su espalda, la besé toda y besé su cuello. Luego, con delicadeza, la hice girar. La besé en la boca y fui bajando y besándola. Ella seguía con sus ojos cerrados. Me quedé un rato largo en sus pechos, succionando y lamiendo sus pezones. Ella me dejaba hacer y respondía con jadeos y ...
    ... gemidos. Le acaricié todo el cuerpo, yendo desde lamerle las orejas y el cuello hasta masajearle pantorrillas y muslos.
    
    Su cuerpo cada vez más se iba acomodando al paso de mis manos y expresaba su placer en suspiros y gemidos ahogados. Estaba dándole besos en sus muslos cuando me dijo apenas con un hilo de voz que la acariciara toda. Le saqué la bombachita y se removió inquieta, pero ni abrió los ojos ni dijo nada. Bajé hasta su pubis que apenas rocé y le acaricié las piernas y los pies. Volví a subir y delicadamente le abrí las piernas para meter mi cabeza y llegar con mi lengua hasta su clítoris, el cual lamí suavemente.
    
    Me llevó un largo rato que mis lamidas y las caricias en la conchita la fueran aflojando del todo y, cuando la sentí bien húmeda, tanteé la entrada a su vagina delicadamente. De a poco se fue abriendo y pude empezar a meter mis dedos y masajearla por dentro. Ella seguía en silencio, salvo sus gemidos y jadeos.
    
    Pero, pese a su rechazo y su miedo, la calentura la fue ganando y en poco tiempo se movía, se contorsionaba y gemía mientras sus manos se apoyaban en mi cabeza y me empujaba contra ella. Un momento después, sentí una respiración ronca, después unos gemidos y un espasmo que contrajo todo su cuerpo, mientras la presión de sus manos se intensificó, hundiéndome contra su sexo. Cuando sentí que se aflojaba, subí a besarla, sintiendo que me respondía con pasión.
    
    -”Nunca pensé que se podría gozar tanto solo de tocarse”, me dijo asombrada por la ...
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