1. Aritz Guzmán, desvirgador en casa


    Fecha: 10/05/2026, Categorías: Gays Autor: GenteBCN, Fuente: TodoRelatos

    ... cariño»
    
    (…)
    
    Fue mi hermano quien dirigió el combate. Desde el principio hasta el final.
    
    Noté que ponía una mano entre nuestras caras y enseguida la alejó. Con ella me agarró la punta de la pija para llenarla de babas.
    
    —Por abajo sí que mueves bien la lengua, cabronazo —bromeó, al tiempo que embadurnaba mi verga de saliva. Pronto volvió a subir la mano y escupió de nuevo en ella—. Lo digo porque me has dejado el culo tan abierto como si ya te lo hubieras follado… Creo que tu cuca me va a entrar fácil.
    
    —Mira, mejor que no me lo radies, macho —murmuré, a modo de pequeña queja—. Voy a intentar pensar que no eres tú el que tengo encima.
    
    —Entonces quién voy a ser, gordito.
    
    —Tyana —le dije. Me sinceré sin pudor—. Es la putilla más guapa de un burdel al que vamos a veces.
    
    —¿Y cómo es esa Tyana?
    
    —Rubia, con el pelo largo, delgadita… Con dos tetas enormes y el coñito bien peludo. —Lo pensé mientras la describía—. Joder tío, parece que la haya creado a tu imagen…
    
    Me iba a reír por esa chorrada, pero se me cortaron las ganas al notar que Pello había acabado con los preparativos. Estaba colocando la punta de mi polla contra su agujero. Se inclinó un poco sobre mi cara, hasta mi oreja:
    
    —…ya habrás notado que mi conejo también es peludito…
    
    —…sí, pero no tanto como el de ella…
    
    Entonces sí que nos echamos a reír los dos.
    
    Eso hizo que me diera cuenta de lo idealizado que tenía el sexo. Nunca lo había imaginado entre risas; solo entre jadeos y frases ...
    ... guarras. En mi mente de pajero virgen follar era algo serio, sin cachondeos ni bromas. Fantaseando con el garrote en la mano, me veía diciendo cosas como «toma polla, zorra» y burradas similares, pero sin carcajadas de fondo.
    
    Obviamente, era una idea distorsionada del sexo porque solo pensaba en ello cuando estaba cachondo como un gorrino y más solo que la una.
    
    Cuando el sexo es cosa de dos… la cosa cambia bastante.
    
    Pello siguió mezclando la risa tonta con el dolor de la primera penetración, la que lo iba a desvirgar para siempre. Estaba sentado ya sobre la mitad de mi polla, provocándome una clase de placer totalmente desconocida. No solo por el tipo de presión que su ojete le proporcionaba a mi cimbrel, sino por el huracán de euforia que le inyectaba a mi cerebro.
    
    «Joder… que el puto gordo ¡¡ ESTÁ FOLLANDO !!», pensé. Así de crudo lo pensé, mientras sentía que mis huevos se llenaban de leche incluso antes de tener todo el rabo metido en su culo.
    
    Entendí que en el sexo compartido la cabeza también tiene participación. Que todas las ideas que se te pasan por ella, mientras estás en plena acción, son un factor muy determinante para el gozo y el placer.
    
    —Agh, joder… Relájate, machote —protestó mi hermano—. Deja que primero me acostumbre a ella, cabrón…
    
    Ni siquiera me había dado cuenta de que estaba empujando con la cadera para clavársela hasta el fondo. Un instinto primitivo, supongo. Golpes secos que le hacían gemir contra mi boca.
    
    La voz de Pello hizo ...