-
Diario de 2 cerdos enamorados. CAPITULO II
Fecha: 11/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Sexo en Grupo Autor: gaypervert50, Fuente: SexoSinTabues30
Final del capitulo anterior. “Ahora sí, lo vemos todo: las pollas hinchadas, los culos abiertos, las caras de deseo y brutalidad, los gestos obscenos, las risas y empujones de esos viejos mientras se van turnando, compartiéndonos, dejando ríos de semen y vergüenza por toda la cama, por nuestros cuerpos y bocas. Y justo cuando un clímax recorre la escena, entre gritos de placer y jadeos asfixiados, nos buscamos la mirada y sabemos que esto no ha hecho más que empezar: porque aún nos queda mucho por tragar y muchos cerdos por dejarse el alma —y la leche— en nuestros agujeros. Vemos las caras de los tipos cambiar, se acercan con sonrisas retorcidas y miradas desquiciadas. Uno de los más viejos, con la mano rugosa y enorme, me agarra del pelo y mientras nos muestra la palma de su manaza y sus enormes dedos ásperos, sin avisar, me suelta una bofetada seca que me gira la cara, la piel ardiendo, los ojos vidriosos. En ese mismo instante, otro, con barba espesa y aliento a coñac, te agarra la mandíbula y te cruza la cara de lado a lado con la palma, marcándote las mejillas ya enrojecidas”. — ¿Cómo sabían lo que deseábamos que ocurriera a continuación…? CAPITULO II Pego tu pecho a mi torso, busco tu boca y te beso fuerte, los labios hinchados, saboreando la mezcla de saliva y sangre en la encía. Noto la humillación encenderte, el latido rabioso en tu polla. Entonces un tercero, de piel morena y brazos como troncos, desenrolla su cinturón de cuero, lo enrolla en la ...
... mano y, sin ceremonia, lo descarga en mi espalda abierta, dejando una marca roja, caliente, que me hace gemir y apretarte más fuerte. Siento el cuero crudo ardiendo, mi cuerpo pidiendo más. Tú también recibes: un brazo fuerte y velludo te engancha del cuello y otro cinturón te golpea el muslo, después el pecho, la nalga. No puedes evitar mirarme, el rostro desencajado de placer y dolor mezclados, boca abierta, saliva cayendo. Nos besamos otra vez, necesitándonos en esa rabia, mientras la ronda de tortura sigue: bofetadas, tirones de pelo, pellizcos en los pezones, el cuero bailando de lado a lado sobre nuestras pieles ardientes. Uno de los cerdos nos obliga a arrodillarnos el uno contra el otro; el sudor nos chorrea bajando entre los hombros, el gusto del miedo y la excitación se mezcla en cada respiración. Los golpes llegan, secos, alternados sobre nuestros culos, hombros, muslos y plantas de los pies hasta que ese dolor nos deja sin aire. Cada hostia nos hace gemir más fuerte, nos enciende como si cada bofetada fuera un puto detonador. Volvemos a besarnoscon ansia, jadeando en las bocas, el sabor del cuero en los labios. —¿Te das cuenta? —te murmuro entre azotes—. Aquí nos tienen, todo el grupo, enseñando cómo la humillación nos hace estar unidos más que nunca, cómo el dolor de cada correazo nos revienta de ganas y no queremos otra cosa que seguir tragando bestialidad. Todas las manos nos cruzan la cara, el cuero marca líneas de fuego, pero lo único que importa es ...