-
Diario de 2 cerdos enamorados. CAPITULO II
Fecha: 11/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Gays Sexo en Grupo Autor: gaypervert50, Fuente: SexoSinTabues30
... que, en ese bucle de humillación y placer, la polla dura no baja ni un segundo, y los cerdos se turnan para azotarnos, follarnos y vernos amarnos, rabiosos y tragándonos vivos. Nos agarramos fuerte, casi fusionados, cuerpos temblando entre correazos y bofetadas. El sudor nos mezcla la piel y seguimos abrazados, follándonos la boca con desesperación mientras los viejos nos usan de cubículos ambulantes, sin piedad ni pausa. Uno se acerca a mí, se saca la polla, caliente y pesada, y la coloca sobre mi cara. Me aprieta la nariz con sus dedazos, la boca abierta esperando, y comienza a mear, chorro cálido y amargo directo en mi garganta. No aparto la vista de tus ojos mientras bebo, tragando sin rechistar. Un segundo tío te agarra de la nuca, te fuerza a abrir la boca y te la llena igual, riéndose mientras el pis rebosa y chorrea por tu barbilla, mojándote el pecho, el estómago. Seguimos dándonos calor entre los dos, pegados, compartiendo esos fluidos. Las bofetadas y los latigazos no paran del todo, pero entre ellos, cada uno se da el lujo de mear sobre nuestras caras, nuestras bocas, nuestros culos abiertos, dejándonos empapados y apestando, sabiendo que no vamos a protestar. Aprovecho cada pausa para acercarme más a ti, nuestra complicidad intacta en medio del caos. Nadie se percata cuando, con un movimiento discreto, tu boca se instala en mi culo, sorbiendo despacio, quitando los restos, bebiendolo que otros han dejado y lo que sale de mí en ese momento. Yo ...
... hago lo mismo contigo, lamiendo con ansia tu agujero, tragando lo que me ofreces, compartiendo el sabor ácido y la humillación, tu pis, los residuos de otros, y esa sordidez nos une aún más. Nos dan un respiro entre sesión y sesión. Te apoyo la cabeza en el hombro, respiro tu hedor y te susurro: —Los dos sabemos que, entre azote y azote, entre corrida y corrida, siempre terminamos tragándonos todo, amándonos más por vernos rebajados al máximo, convertidos en sus putas letrinas, y por supuesto en las nuestras. Y justo cuando creemos que nada puede sorprendernos ya, el siguiente grupo entra, pollas fuera, listos para desbordarnos otra vez. Te cojo la mano, apretándola fuerte, los dos con la boca abierta, preparados para tragarlo todo, sin dejar ni gota. Siento cómo el aire se vuelve más espeso, el ambiente cargado de morbo y brutalidad absoluta. Los hombres que nos rodean dejan claro que no tienen límites, que vienen a por todo, y lo dejamos claro en nuestras miradas: ni uno va a contenerse. Entre risas ásperas y jadeos, uno se encarama sobre ti, se agacha y, sin preguntar, se abre de piernas justo sobre tu cara. El olor es directo, brutal, y en cuestión de segundos, toda su mierda dura y tibia cae despacio sobre tu boca, tu lengua, tu pecho. No tienes opción; la absorbes, la tragas, la aplastas entre los labios, la cara embarrada, la mirada perdida de placer y humillación extrema. A mi lado, pasa lo mismo: un motero, huesudo con una larguísima barba blanca ...