1. Mi compañero de la facultad


    Fecha: 12/05/2026, Categorías: Gays Autor: Doradinho, Fuente: CuentoRelatos

    Siempre me gustó estudiar en la biblioteca de mi facultad porque allí encontraba el ambiente propicio para obtener la concentración que necesitaba para estudiar. De otra forma, en el piso de estudiantes que compartía con otros dos chicos estoy seguro de que no aprobaría ni una de las asignaturas que componían la titulación de Derecho que pretendía realizar. Mis dos compañeros, ambos absolutamente heteros, eran muy aficionados a las cartas, a salir de noche y dormir de día; yo prefería, en cambio, dedicarme a mis estudios, principalmente, aunque también salía de vez en cuando.
    
    El caso es que en la biblioteca, en general, me concentraba, a menos que los chicos más guapos de la facultad se paseasen por delante de mis ojos de aquí para allá, en cuyo caso, los despistes eran continuos. En una de esas ocasiones en que levanté la vista para contemplar al personal, mis ojos se cruzaron con unos negros absolutamente embriagadores, que se quedaron por un momento fijos en los míos.
    
    Pertenecían a un chico en el que no había reparado antes (me extrañé por ello, porque no solía escapárseme un ejemplar como aquel). De todas formas, la mirada solo duró un par de segundos, y su dueño se sentó unos puestos más allá y se puso a estudiar. Cada cierto tiempo yo le miraba; era un poco más alto que yo (mido 1.75) y también delgado. Pero él nada. Esto me provocó cierta desilusión, creí que aquella mirada había significado algo, pero me temí que hubiera sido una falsa alarma, como ...
    ... tantas.
    
    Al día siguiente volví a verle por allí, pero en principio no pasó nada. Pero unos días más tarde, cuando el protagonista de mis fantasías eróticas entró a la biblioteca, vino directo hacia mí. El corazón se me puso a mil y al llegar a mi lado me preguntó:
    
    —Tú eres Mario, ¿verdad?
    
    Dios, me ha hablado. A ver si la suerte me va a sonreír esta vez…
    
    —Hola, soy Mario, sí, pero a ti no te conozco, ¿no?
    
    —No, verás. Supongo que sabes quién es María, una chica de clase a la que dejaste tus apuntes de Derecho Constitucional.
    
    —Si. El caso es que mucha gente me pide los apuntes, y algunos incluso sacan mejores notas que yo gracias a ellos –respondí yo, dejando ver cierta ironía en mis palabras.
    
    —Jejeje. Hombre, eso será porque son buenos. María me prestó los suyos para fotocopiar y son buenos. Supongo que no te importa. Y lo espero, francamente, porque quería pedirte que me pasases los temas 5 y 6.
    
    Así que era eso, solo quería mis apuntes.
    
    —No hay problema… (supongo que notó cierta decepción en mi cara) mañana te los traigo, si quieres.
    
    Así lo decidimos, y para devolvérmelos, acordamos que me pasase por su casa, puesto que vivía muy cerca del campus y a mí me quedaba de camino. Me pasé por allí después de clase, al día siguiente, a las 7 y pico de la tarde. Cuando Pablo me abrió la puerta (supe como se llamaba cuando nos despedimos el día anterior)llevaba puesto únicamente un pantalón de deporte corto y una camiseta sin mangas.
    
    La verdad es que aquel mes de ...
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