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Mi compañero de la facultad
Fecha: 12/05/2026, Categorías: Gays Autor: Doradinho, Fuente: CuentoRelatos
... levantó del sofá en el que estábamos sentados, e hizo que le siguiese al dormitorio. Íbamos de la mano, él delante, y se volvió un par de veces para besarme de nuevo. Yo le apreté pícaramente una de sus apetecibles nalgas, lo que le provocó una cierta alegría. Antes de sentarme sobre la cama, me saqué la camiseta, y con un empujoncito suave, Pablo me hizo acostar sobre una bonita colcha de algodón. Se dejó caer suavemente sobre mí para comenzar una ceremonia de besos, lametones y succiones varias. Me besó en la boca, me mordió el cuello, me lamió el pecho, chupó mis pezones y fue bajando lentamente hasta que llegó a mis vaqueros todavía puestos. —¿Sigo? —me preguntó. —Sí, por favor. Estoy deseando que continúes. Desabrochó mi cinturón y, con la ayuda que yo le proporcioné al levantar un poco mis caderas, bajó de una vez pantalones y calzoncillo, provocando que mi polla saltase como un resorte, tal era la erección que alcanzaba en aquel momento. Mis 18 cm quedaron, pues, mirando al techo, y Pablo siguió con su trabajo. Agarró el prepucio con una mano para descubrir mi glande húmedo y rosado, y dio un ligero lametazo. Parece que no se conformó con eso (yo tampoco, desde luego) y de repente se la metió en la boca. Subió y bajó varias veces, rozando su lengua y sus labios con mi verga. Casi me corro con semejante placer, pero él, como adivinándolo, me dejó por un momento, y volvió a besarme. Qué gozada sentir su cuerpo velludo encima del mío, sus pelos contra mi ...
... pecho lampiño, rozando mis pezones. Cuando conseguí sacarle su pantaloncito descubrí una verga de 20 centímetros descapullada, que pudo, por fin, unirse a la mía. Entonces fui yo quien le volteé para colocarme encima y comenzar a darle el mismo placer que él me había proporcionado previamente. Qué delicia de torso, qué gozo acariciar aquella pelambre, al pasar mi cara por su abdomen… Le llegó el turno a su polla, y comencé una lenta mamada que le hizo estremecer. A estas alturas, mi culo ya estaba un poco dilatado, gracias, en parte, a los dedos que me había ido introduciendo progresivamente mientras mi amante me hacía enloquecer. Me senté encima de su barriga, de forma que su polla quedó apuntando a mi agujero. Pablo sacó un condón de su mesilla y, colocando su pene a la vista por un momento, logré ponérselo. Volví a pasar mi culo a su posición primitiva y con mi propia mano fui guiando aquel mástil hacia mi hoyo. Delicadamente, pero con decisión, consiguió meterme completos sus veinte centímetros, provocando en mí un quejido mitad dolor mitad placer. Yo hice casi todo el trabajo, subiendo y bajando mi cuerpo para facilitar el acto; y cuando previó que se iba a correr, agarró mi verga para masturbarme y lograr que eyaculáramos casi al mismo tiempo; él dentro de mí, yo sobre su pecho y abdomen. Exhausto, me dejé caer sobre él y así, abrazados, permanecimos durante un tiempo. Con un profundo beso pusimos un punto y aparte a nuestra tarde de placer. Luego, juntos en la ...