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Incesto y perversión (10) padre/hija
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
Capítulo 10 Mauricio estaba en la sala de estar, hundido en el sillón con el cuerpo relajado. Un vaso de whisky en la mano y la televisión encendida en algún programa deportivo que transcurría como una ráfaga de imágenes sin sentido frente a sus ojos. No seguía lo que decían, no registraba los goles, las repeticiones ni los análisis. Tenía la vista puesta en la pantalla, pero los pensamientos en otra parte. El Blue Label le calentaba el pecho con cada sorbo, ese calor denso y ambarino que se instalaba debajo del esternón y le daba una sensación de calma. Sin embargo, algo seguía ahí, latiendo como una espina clavada entre las costillas, un resabio amargo que no conseguía disolver ni con el licor ni con la noche. De los cuatro miembros de la familia, él era, sin dudas, el que más afectado había quedado por lo que ocurrió. La infidelidad incestuosa, aunque cometida por él mismo, lo había golpeado con una mezcla de euforia, culpa y desconcierto que no terminaba de procesar. La imagen de su propia traición le volvía a la mente de manera intermitente, como una película sin edición que lo sorprendía en los momentos menos pensados. Y sin embargo, no se arrepentía. En el fondo, sabía que no podía negar el placer de aquel instante. Había sido algo prohibido, sí, pero también intensamente placentero. De hecho, no recordaba un mejor polvo que el de esa noche. Y eso que él tenía acumulada una buena cantidad de experiencias sexuales. Aún no le entraba en la cabeza cómo se ...
... había atrevido a cruzar esa línea. Lulú lo había provocado, obvio. Pero él era un hombre maduro que tendría que saber lidiar con esas cosas. Y, sin embargo, dejó que su deseo prohibido creciera. Lo dejó crecer tanto que terminó cogiéndose a su propia hija en un lugar público. Se preguntó qué era realmente lo que lo inquietaba. Después de todo, cada vez que pensaba en Lulú, no solo no se arrepentía, sino que se moría de ganas por hundir de nuevo su gruesa verga en esa vagina estrecha y resbaladiza. Concluyó que lo que lo molestaba no era una cuestión moral, sino que simplemente temía ser descubierte. Si Virginia se enteraba de lo que había pasado… Fue mientras pensaba en todo esto que escuchó los pasos. Eran livianos, casi silenciosos, pero inconfundibles. No necesitó mirar para saber que era Lulú. Hacía días que no se le aparecía así, yendo a la cocina semidesnuda. Mauricio pensaba que eso era porque ya había cumplido con su objetivo. Ya lo había calentado, y había logrado que se la cogiera. En parte le agradecía que hubiera terminado con esa morbosa costumbre. Pero en parte la extrañaba. Se sorprendió encontrándose nervioso, con la respiración acelerada. Desde hacía años que no se sentía así. Había tenido sus aventuras, claro. Y también se había acostado con unas cuantas chicas de la edad de su hija. Pero la adrenalina que le producía Lulú era de otro nivel. Algo que le sería imposible de explicar. Probablemente tenía que ver con el hecho de que no podía demostrar de ...