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Incesto y perversión (10) padre/hija
Fecha: 13/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... chico de su edad le producía mucho morbo. Mientras sus labios se encontraban una y otra vez, con una mezcla de ansiedad y ternura, las manos de él comenzaron a descender lentamente, desde su cintura hasta sus irresistibles nalgas. Las acarició con una devoción silenciosa, apretándolas con suavidad, como para recordar exactamente cada centímetro de aquella piel bajo sus dedos. Cuando se separaron un instante para tomar aire, las manos de Mauricio se quedaron ahí, aferradas a su orto, como si no pudieran desprenderse. Su frente quedó apoyada contra la de ella, y la respiración de ambos se mezclaba en el poco espacio que los separaba. —Bueno... acá no podemos —murmuró él, todavía agitado, con la voz tomada por el deseo—. Si querés, vamos a la cocina… o al patio de afuera. Lo propuso como una salida, como un intento de llevar esa locura hacia un lugar menos peligroso. Pero Lulú negó con la cabeza, sin apartar la mirada. —No, yo quiero estar acá —dijo. Luego, bajó la voz y acercó los labios a su oído, con esa forma suya de susurrar que lo desarmaba por completo. —Igual, si llegara a abrirse la puerta del dormitorio de ustedes, yo me corro rápido y me siento a tu lado. Mamá ni se va a dar cuenta de nada —le dijo, con una sonrisa invisible en la voz, una diablilla empujándolo al borde del abismo. Mauricio cerró los ojos un segundo. Sabía que debía detener todo eso. Sabía que estaba tomando un riesgo demasiado grande. Además, estaba claro que la mocosa ...
... seguía jugando con él. El problema era que no había forma de que le dijera que se dejara de molestar y se fuera a su cuarto, lo cual sería la respuesta más razonable. No, él ahora tenía la pija durísima, las manos en el turgente orto de su hija, y sentía el sabor que le había dejado en su lengua. Así que no había manera de que se separara de ella en ese momento. —Okey… pero solo besos —dijo al fin. Lulú rio en voz baja, con una malicia transparente. No había forma de que se conformara con tan poco. Ya había esperado demasiado para volver a estar con él. Y ahora que lo tenía ahí, vulnerable, entregado, la adrenalina del peligro la incitaba a jugar con fuego. Volvió a besarlo, más profundamente esta vez, y mientras sus bocas se buscaban con una urgencia contenida, una de sus manos descendió hasta el cierre del pantalón de Mauricio. Lo bajó lentamente, saboreando cada segundo, como si disfrutara tanto del gesto como de su resultado. —No —dijo él en un susurro urgente, tomando su muñeca con una mano. Pero el agarre era débil. Ni él mismo se creía que no quería que continuara. Ella siguió, con una calma peligrosa. Deslizó los dedos por debajo del elástico del calzoncillo y lo bajó, liberando la tensión que él no había logrado disimular desde hacía rato. —De verdad, no podemos, bebé —intentó de nuevo Mauricio, aunque su voz ya no tenía autoridad. Así que ella siguió. Y ahora llevó de nuevo la mano a la entrepierna de su papi, esta vez para agarrar el elástico del ...