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Con Sofía, una mujer casada y feliz
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Poleodos, Fuente: CuentoRelatos
Cuando vi a Sofía por primera vez, era por la tarde. El sol empezaba a caer lentamente. Estaba en la playa, tumbado sobre mi toalla. De vez en cuando, mi mirada se perdía hacia la extensión de arena que me rodeaba y al mar. A unos pocos metros, se encontraba una mujer sola. Tendría más o menos mi edad, en torno a cuarenta años. Su pelo rubio no decía nada en comparación a sus increíbles pechos, que rellenaban el sujetador de su bikini. No la presté demasiada atención. Una mujer atractiva más. Y todo habría quedado ahí, si unos minutos después, no se hubiera acercado hacia donde yo estaba para pedirme fuego y encenderse un cigarrillo. Yo estaba pasando unos días solo. Necesitaba desconectar de mi trabajo, y para ello, nada mejor que escaparme unos días, sin amigos, sin familia, sin nadie con quien pudiera tener el más mínimo trato cotidiano. Yo no fumaba, pero acostumbraba a llevar siempre un encendedor en la bolsa de playa, y comencé a buscarlo. Una vez lo encontré, me levanté e intenté encenderlo sin demasiado éxito. Ambos empezamos a reír, cuando una y otra vez, el mechero se apagaba por el aire de la playa. Jamás una tarea más sencilla se había complicado tanto. Al final, ella optó por coger su toalla, y rodeó nuestros cuerpos, para evitar que se volviera a apagar la llama del fuego. Por fin la llama prendió. Los momentos que estuvimos peleando con el viento, nos permitió romper el hielo y comenzar a hablar. Ella llevaba ahora una camisola azul, pero ...
... dejaba entrever perfectamente sus grandes tetas. Me parecía una mujer de bandera. —¿Como te llamas? —Le pregunté. Sofía me respondió.— Yo Pedro, —y procedimos a darnos el beso de rigor, anterior a la típica frase de encantado de conocerte. —¿Estás solo? —Si, —respondí.— Vine a pasar unos días de playa. Tengo un trabajo bastante estresante, y de vez en cuando necesito tomarme unos días de relajo. Estar solo, sin amigos, sin nadie que pueda recordarme mi vida diaria. ¿Tú, estás sola? —Si, —contestó—. Mi caso es distinto. Soy una mujer casada, con dos hijos, pero de vez en cuando me gusta perderme. Este es un buen lugar. Vengo un par de días y vuelvo a casa con las pilas cargadas. Estuvimos hablando bastante tiempo, hasta que ya empezaba a oscurecer. Recogimos las cosas y caminamos. Le pregunté donde se hospedaba, a lo que me respondió que tenía un piso en el pueblo, un apartamento familiar, pero que apenas lo utilizaban. Prácticamente los momentos en los que una vez al año, ella se escapaba de su mundo. Por mi parte, yo tenía una habitación en un hotel. Cuando nuestros caminos se iban a separar le pregunté si deseaba que tomásemos algo por la noche, incluso si ella quería, la invitaría a cenar. Sofía se mostró receptiva, y me dio el número de su móvil, a lo que respondí entregándole el mío. Me tumbé un rato en la cama, y mi imaginación se disparó. Realmente me parecía una mujer fascinante, aunque el que estuviera casada parecía un problema a priori para que ...