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Con Sofía, una mujer casada y feliz
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Poleodos, Fuente: CuentoRelatos
... pudiéramos conocernos mejor. Por otro lado, el que hubiera aceptado mi invitación a salir, significaba que al menos, le había resultado interesante o atractivo. Después de descansar unos minutos, procedí a ducharme y a arreglarme para mi cita. Mi aspecto ahora era distinto al de hacía un par de horas. Esperaba estar atractivo para ella. No obstante, no debía hacerme demasiadas ilusiones, con una mujer casada. A la hora prevista, me presenté en la cafetería donde habíamos quedado. Yo fui el primero en llegar, de escándalo, en todos los sentidos, un vestido rojo escotado. Sus piernas eran preciosas. Me imaginaba un sujetador enorme, para controlar sus enormes pechos, y un minúsculo tanga, para tapar lo justo. Sus gafas, le daban un aspecto de madura intelectual que aún hacía que me excitase más. Nos volvimos a dar un beso, y pidió una copa de vino. Una vez la tuvo en su mano, brindamos por la suerte de habernos conocido. Quise sorprenderla, y la invité a cenar a un restaurante lujoso del puerto. Tenía toda la noche para ella, e iba a emplear todas mis armas en conseguirla. No hay nada más morboso que una mujer casada, y sobre todo con sus atributos. Después de cenar, fuimos a bailar un poco. Tomamos unas copas. Ella no paraba de moverse, imagino que en gran parte, por causa del alcohol. Yo la veía moverse, y mi excitación aumentaba. Ella pasaba sus manos sobre mi cara, hombros. Yo de vez en cuando le agarraba la cintura, y descuidadamente, le tocaba ...
... ligeramente las tetas por encima de su camisa. Nos acercamos a la barra a pedir otra consumición. Ella iba delante de mí, momento en que la agarré por la cintura. Ella al sentirlo giró su cabeza, y mis labios se acercaron a los suyos. Después de un primer beso suave, siguieron otros mucho más fuertes. Nuestras lenguas recorrían las bocas del otro. Nuestros cuerpos se apretaban. Nos fuimos a un pequeño sofá que había en un apartado del local. La música era alta, pero se podía hablar. Comenzamos a besarnos, de forma apasionada. De vez en cuando, tocaba sus pechos. Justo en frente, había un grupo de chicos jóvenes, en torno a 20 años. Al vernos, lo caliente que estábamos, empezaron a comentar en voz alta, para que llegase a nuestros oídos, que deberíamos irnos a un hotel. Que ya no teníamos edad de magrearnos en público. Sofía y yo nos miramos, y nos echamos a reír. Era cierto, ya no teníamos edad de que nos vieran calentarnos en público. En ese momento salimos y mi pregunta fue la clásica. —¿A tu casa o a la mía? Ambos reímos. —Yo no tengo, pero creo que será mejor lugar, mi hotel, ¿no crees? Las copas, el calor, lo caliente que íbamos ambos, nos hacía reírnos de cualquier cosa. Caminábamos abrazados, nos agarrábamos de la mano, nos besábamos. Me sorprendía lo sensual de la situación, teniendo pareja y no estando esta excesivamente lejos. De vez en cuando buscábamos algún lugar obscuro, y nos tocábamos por encima de nuestra ropa. En una de las acometidas, ...