1. Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 5 - final)


    Fecha: 15/05/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos

    Ya bien lavadas, salimos de la ducha y nos secamos. Mientras tanto, no dejamos de besarnos y acariciarnos. Nos vestimos. Yo me pongo de nuevo mi fino conjunto de ropa interior granate y ella otro conjunto sencillo de top y culotte de licra negros, muy combinado con las chanclas. Acto seguido, se pone las gafas y me mira con deseo, pícara y cariñosa. Está tremendamente sexy e imponente, como una gladiadora. Nos miramos con deseo. Entonces se pone detrás de mí y me abraza por la cintura mientras me dice susurrándome al oído:
    
    –Mira lo que te voy a enseñar, cariño mío… Es una sorpresa. Cuando te diga, gírate hacia mí. ¿Sí?
    
    –Claro que sí, amor –le digo, intrigada.
    
    –Aunque… Si quieres, adelante. Si no, rotundamente no. Para nada quisiera hacerte sentir mal ni incómoda.
    
    –De acuerdo –le digo, algo nerviosa.
    
    –Sobre todo, tranquila. No pasa nada –me besa.
    
    Se dirige a otra parte de la casa, concretamente en la planta baja. La verdad es que me tiene muy intrigada. ¿Qué será?
    
    Escucho de nuevo sus firmes y decididos pasos de gladiadora espartana subiendo las escaleras, sus pies con las chanclas negras de cuero y plataforma que he besado, lamido y relamido y me he quedado hasta con ganas de más. A cada paso suyo más cercano, mis latidos se aceleran más y más. Ya llega de nuevo a su cuarto.
    
    –Ya puedes girarte, cariño.
    
    Me volteo. Alucinada me quedo. Lleva un aparato de estos en forma de arnés bien fijo a su grande cintura. Y bastante grande, por cierto.
    
    –¡Guau!! ...
    ... –exclamo boquiabierta, sin saber bien qué decir. ¿Cómo habrá conseguido algo así?
    
    –¿Sí? –me pregunta, con una tierna y pícara sonrisa, con las mejillas sonrojadas y las pupilas dilatadas.
    
    –¡Claro que sí! –le respondo. Estoy que me muero de ganas de esto con una mujer como ella.
    
    –¿Segura? –me pregunta seriamente.
    
    –¡Segurísima!
    
    Entonces, ella se sienta en la cama, me toma bien de la cintura, me da dos palmadas bien fuertes en cada nalga mirándome fogosamente, por lo que doy dos pequeños gritos, me baja lentamente las braguitas y me siento en su falda, de manera que alcance el aparato, que sintiéndolo ya en lo más profundo de mi ser, empiezo a cabalgarla.
    
    Empezamos despacio, con cuidado y muy poco a poco vamos acelerando el ritmo. Lo hacemos en todas las posturas posibles y por todas las estancias de la casa. Ella sentada o agachada y yo en su falda, ella tumbada y yo agachada encima, yo tumbada y ella agachada mientras rodeo sus hombros con mis piernas, ambas tumbadas de lado, ella de pie tomándome en brazos, ella detrás y yo delante estando ambas de pie, en la cama, en la pica del baño, en la escalera y en su respectiva barandilla, en el suelo, en una silla, en el sofá, contra la pared, en la mesa del comedor, en la encimera de la cocina, etc.
    
    Hacemos una vuelta por toda la casa, repitiendo lugares, posturas y todo. No dejamos de besarnos mientras hacemos el amor de esta manera y gimo como nunca antes con sus apasionados embestidas, cada vez más fuertes, ...
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