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Gunilda, mi médico hetero y mi amor (parte 5 - final)
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Amorclandestino, Fuente: CuentoRelatos
... persona más bella que he conocido en todos los sentidos, te mereces lo mejor de este mundo y de esta vida y yo estoy dispuesta a dártelo, a desvivirme por ello si hace falta. Estoy dispuesta a hacerte sentir amada de verdad. –Gunilda, amor mío. Llevo tiempo realmente enamorada de ti. A tu lado me siento diferente. Más sensible, más humana, más persona, más yo. Llegaste mi vida en el momento oportuno, cuando más lo necesitaba, cuando las circunstancias me ahogaban. Has estado a mi lado y me has cuidado en todo momento. Eres mi ángel de la guarda. Me has devuelto las ganas de vivir, de sonreír, de enamorarme sanamente y de verdad. Y esto… Esto no tiene ningún precio. Durante estas tres semanas sin vernos, he descubierto que mi vida no es la misma sin tu sonrisa, sin tu mirada de ojos cafés, sin tu cabellera castaña, sin tu dulce voz, sin tu aroma, sin el contacto de tus manos con las mías, sin tus abrazos, sin tus besos, sin tu cuerpo junto al mío, sin tu hermosura, sin tu sensualidad. Tu presencia, tu cercanía… Son como el mismo aire que respiro. Te deseo a reventar desde el primer momento que te vi, Gunilda. Eres la más hermosa, exterior e interiormente. Te amo con todas mis fuerzas. Continuamos besándonos abrazadas. –Conozco un precioso restaurante allí en el casco antiguo con unas magníficas vistas al mar y al anfiteatro. ¿Vamos a cenar? Yo te invito –me susurra muy tiernamente al ...
... oído. –Perfecto, vamos. Aunque pienso que es mejor pagar mitad y mitad. Me mira tiernamente regalándome su hermosa sonrisa. –Descuida, amor. Invito yo –me susurra con gran ternura. Me besa la frente. Ay, que enamorada estoy de ella. De veras. Así pues, nos vestimos. Yo con mi vestido granate, mis sandalias negras de plataforma y mi chupa negra de cuero y ella unos pantalones tejanos, una blusa abotonada color turquesa y sus seductoras botas marrones de plataforma y tacón junto con la chupa marrón de cuero. Salimos de su casa, subimos a su coche, ella abriéndome la puerta y por momentos, mientras conduce, poniendo su manaza en mi muslo y yo la mía encima de la suya. Caminamos por la calle tomadas de la mano y cuando me sobresalto con el sonido de algún petardo, sé que ella está conmigo para abrazarme. La verdad es que me encantan estos gestos de hacerme sentir segura, única. Y todavía más si vienen de una mujer. Así pues, nos dirigimos al restaurante. Tal y como me ha dicho, es un lugar sencillo y precioso. La cena transcurre de fábula. Así es como tenemos lo que diríamos nuestra primera cita romántica. Con el transcurso de los días, hablamos y nos vemos con mucha frecuencia, mis viajes a su ciudad se tornan más habituales y aprovechamos bien cada instante juntas. Está más que claro que nuestro vínculo especial ha dado paso a algo romántico, un sentimiento verdadero, de los que pocos quedan ya. Fin.