-
La propuesta (7)
Fecha: 15/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: economista1, Fuente: TodoRelatos
... para que luego no digas que tengo ventaja… Yo sabía que Marta salía a correr con frecuencia, de hecho había practicado atletismo hasta los quince años, pero yo estaba en muy buena forma y, aunque prefería el fútbol, también podía acabar una media maratón a 4:15 el kilómetro. Salimos a la carretera y me puse a tirar a un ritmo lento, sobre 5:30 para ir despertando los músculos y comprobar qué nivel tenía mi cuñada. Después del primer kilómetro aceleré y bajé a 5. Marta seguía detrás de mí y parecía que me aguantaba con facilidad hasta que entramos ya por pista de tierra. Conocía de sobra lo competitiva que era mi cuñada, pero de momento no conseguía despegarla, así que comencé a darle fuerte, sobre 4:30, 4:15, y ahí ya notaba su respiración acelerada a mi espalda, pero la cabrona era dura y aguantaba. Así cuatro, cinco, seis, siete kilómetros, hasta que llegamos a un camino que terminaba en un mirador sobre una pequeña cima. Era una subida de unos ochocientos metros con un desnivel del seis por ciento y le pregunté a Marta si se atrevía a llegar hasta allí. ―Venga, tira ―dijo jadeando y sin parar cogimos el desvío. Con las pulsaciones a tope fui regulando el ritmo para no pinchar y Marta seguía pegadísima a mí, así no iba a poder descolgarla. Miré hacia atrás y ella aguantaba como una titán, ya poniendo cara de mucho esfuerzo. Apenas quedaban cien metros y aceleré antes de llegar a la cima, pero ella se resistió, viendo mis intenciones, y a cincuenta metros ...
... del final se puso a mi lado y nos picamos en un sprint hasta arriba. Apreté los dientes y tiré al máximo que pude, pero las resistentes piernas de Marta me adelantaron unos metros y, cuando quise forzar más el isquiotibial, me dijo basta y noté un pinchazo fortísimo, que me dejó seco y tuve que frenar, con lo cual cedí la victoria a mi cuñada. Llegué arriba cojeando, con la respiración acelerada y Marta se recuperaba inclinada con las manos en las rodillas, cogiendo todo el aire que podía. Miró hacia mí y sonrió. ―¿Qué te ha pasado? ―Creo que me he roto… ―¡No me fastidies! Anda, ven aquí. Y luego decíais que yo era competitiva, eh, pues anda que tú… ―No sabía que eras tan buena… ―Fui campeona de 3000 unas cuantas veces en la Comunidad y llegué a quedar cuarta de España sub15… ―Joder… Caminamos hasta el mirador y, después de contemplar las vistas, Marta me pidió que me recostara en una especie de claro con césped. ―Déjame ver. Túmbate y flexiona la pierna, apóyala en el suelo… ―Da igual, Marta, ha sido un tirón. ―Ven aquí. Por si acaso te has roto, también tengo varios curso de fisio; tranquilo, estás en buenas manos… ―Joder, Marta, no dejas de sorprenderme… ―Eso me dicen todos ―bromeó comenzando a masajear la cara interna de mis muslos―. Hay que amasar un poco para drenar la sangre. Así, muy suavecito. No tiene que doler, eh, si te duele me lo dices… ―Vale… Las manos de Marta eran mágicas y tiraban de la parte de atrás del muslo ...