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Mi experiencia sexual en la cárcel (2)
Fecha: 16/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Bishops, Fuente: CuentoRelatos
Más tarde llegó Elián. No voy a contar cómo fue la charla, porque escapa al objeto de este relato y no pretendo aburrir. Sólo diré que fue muy emotivo e intenso. Tanto que me hizo olvidar la humillación de la que acababa de ser objeto. Lo noté muy dolido y temeroso. Dormía poco y lo trataban mal. Traté de darle todo mi apoyo y le dejé dinero, que le podía servir. Cuando llegué a mi casa y me estaba bañando no podía olvidarme de la cara hedionda de ese petiso. Me daba mucho asco. Me lavé bien la concha y ano. Me metí la esponja, incluso. Después me afeite, aunque ya lo estaba, como si eso fuera a borrar semejante afrenta. Me hice un hondo lavado en el bidet, también. Estaba furiosa. Quería hacer una denuncia, ir a los medios de comunicación. Quería hacer algo, pero no quería perjudicar a mi hijito ahí adentro. Al otro día fui a hacer masajes. Estaba el “gordo Pablo”, un remisero obeso con el pene muy chiquito. Le gustaba que me lo ponga entre mis dientes cuando estaba flácido, me tocaba la cola y se le paraba mientras estaba en mi boca. Pero tenía que ser siempre con la ropa puesta. Eso lo calentaba. Que se la chupara con la ropa puesta. Pero esa vez me dijo: -¿Sabés qué negrita? Te quiero ver la concha, hoy -Ay no, gordo, no. No me depilé, no está presentable. No insistas, por favor -Dale, sólo por esta vez. Déjamela ver. Porque siempre me la imagino en casa cuando me hago la paja, y quiero ver cómo es. Insistió un poco más y cedí. Me bajé el jean y sin ...
... sacarme la bombacha, me la corrí a un costado y se la mostré. Por supuesto, la cosa no terminó ahí. Él estaba acostado con su voluminosa barriga en la camilla. Me pidió que me acercara a su cara. -Acercate, acércate un poquito con ese papo riquísimo – Yo me arrimé y le apoyé mi almeja en la cara. Me la chupó. Estuvo lejos de hacerme acabar. Daba lengüetazos aleatorios, imprecisos. -Ahh, sí! Tiene olor a pescado, como me gusta a mí – dijo eso y por suerte acabó. Mientras le limpiaba la leche, como siempre, me agarraba el culo y miraba como la sacaba la leche de ese falo gordito y pequeño. -Negra, ¿te puedo pedir algo? -¿Qué? -Me regalás tu tanga. Me la quiero llevar. Llego a casa y me pajeo. Hasta la voy a guardar en una bolsa ziploc. -¡Ay no, Pablo! ¿Pero estás enfermo? ¿Cómo vuelvo a mi casa? ¿Sin bombacha? -Dale, que me gusta. Si estás viuda, nadie te va a decir nada si estás sin calzón. Tengo más plata para darte, dólares -¿Cuánto tenés? -La tarifa habitual y… 300 dólares -¿De dónde sacaste esa plata, vos? -No importa eso ¿me la das? -Si de verdad te gusta, te la doy -Sí, pero pasátela bien por la concha, antes. Que le quede bien el flujo y tu olor. -Pero está llena de tu baba, gordo. -Dale, metétela un poco adentro de la concha… -y me pasó el pulgar por la zanja. Me bajé el jean y me saqué la bombacha. Era rosa con líneas blancas horizontales. Me la refregué como me pidió, la hice un bollo y me la metí, y se la di. Al fin, se ...