1. Mi experiencia sexual en la cárcel (2)


    Fecha: 16/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Bishops, Fuente: CuentoRelatos

    ... huevos grandes. Estaba perfectamente depilado y en el abdomen inferior tenía impreso un delta de venas que confluían en una gran vena que surcaba el tronco. Yo seguí en el abductor derecho, pasando mi mano muy cerca de sus huevos. Pero cuando fui a la pierna izquierda, le dije:
    
    -Disculpame, te la tengo que correr -refiriéndome a la verga, que estaba descansando sobre ese lado
    
    -Sí, claro.
    
    Se al corrí, pero como estaba dura, volvía al costado izquierdo. Lo hice dos o tres veces. Nos empezamos a reír y me tocó el culo.
    
    -Capaza que haya que dejarla ahí –me dijo, mientras encontró mi ano con su dedo. Le puse más aceite y le descubrí el glande. Lo empecé a masturbar. Él me bajó el pantalón y comenzó a manosearme. No nos dijimos mucho. Yo seguí hasta que en un momento me la cuse en la boca. Estaba lleno de aceite, pero no me importó. Le apretaba las bolas. Me encantaba. Me bajó la tanga, se retorció un poco (lo que, por otro lado, me hizo atragantar) y me chupó las nalgas.
    
    -Subite –me dijo. Al principio pensé que quería coger, pero me di cuenta ...
    ... que quería hacer el “69”. Me subí a la camilla, como para montarlo:
    
    -No, no. Subite por acá, en mi cara.
    
    -Mmm ¿sí? – Dije y cuidadosamente ubiqué mis rodillas a los costados de su cabeza, sin dejar nunca de aferrarme a su palo aceitado. Yo estaba mojadísima. Apenas bajé mi culo en su rostro, sentí cómo me la devoraba. La comía muy bien, con un ritmo regular, parejo, con mucha saliva; no se cansaba, ejercía la presión justa; daba los giros que tenía que dar. Tiene una forma de comérmela que me encanta, como ningún otro: me abre las nalgas y mientras me lame el clítoris me penetra con su nariz puntiaguda, por la que no puede respirar. Respira por la boca; aprovecha sus movimientos en mi clítoris para respirar. Mete y saca la nariz, mientras me estruja toda la chuchi.
    
    Esa primera vez tardé minutos en acabar. Me acuerdo que por los latigazos orgásmicos de su lengua, me tuve que desprender de suchota, que tenía en la boca y me quedé esperando extasiada, gimiendo. Ahí me senté literalmente sobre su cara y la pinté toda con mis jugos. A veces me queda. 
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