-
Puerquita
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... cabeza. Ella sonrió —un gesto torcido bajo la humedad—. —Oink... gracias, Amo— gruñó, la voz grave, satisfecha. Mario se desplomó de rodillas frente a ella. El rostro de Luisa estaba enrojecido, marcado por el caucho, el pelo pegado a las sienes por el sudor y los fluidos extraños. Pero sus ojos brillaban con una luz salvaje, perdida hacía una década. —¿Estás bien?— preguntó él, la voz repentinamente frágil, como despertando de un trance. Ella tocó su propia mejilla mojada, olió sus dedos, y luego los acercó a los labios de Mario. —Dios, Mario...— susurró, y una carcajada ronca, libre, le brotó del pecho —Esto... esto era sentirse viva de nuevo. Adentro, entre el olor a orina y sexo, dos extraños se reconocieron por fin. La máscara de la Puerca, ahora reposaba entre ellos como un contrato firmado con fluidos. … El agua caliente caía sobre la máscara de la Puerquita, arrastrando los rastros de su juego sucio por el desagüe. Luisa seguía con ella puesta, el plástico ahora brillante y resbaladizo, el hocico goteando agua en lugar de orina. Pero la fantasía no se había disuelto. Mario entró en el baño, el vapor empañando el espejo, borrando cualquier reflejo de decencia que pudiera quedar. Ya no era el esposo cansado, el padre responsable. Era el Amo, y su cerda lo esperaba. —Arrodíllate— ordenó, voz áspera. Luisa obedeció al instante, las rodillas golpeando la dureza de la bañera. El agua chorreaba por su espalda marcada, mezclándose ...
... con las gotas que caían de su máscara. Mario no fue gentil. Agarró su cabeza con ambas manos y la empujó hacia su erección, ya dura y palpitante nuevamente. —Abre bien, Puerquita— gruñó. El hocico de la máscara no estaba hecho para esto, pero eso solo lo hizo más excitante. Luisa abrió la boca bajo el plástico, sintiendo cómo la punta de Mario golpeaba sus labios antes de hundirse hasta la garganta. Ella no dudó. Tragó. Cada embestida era más profunda, más violenta. El agua seguía cayendo, mezclándose con las lágrimas que ahora brotaban de sus ojos, pero Luisa no se detuvo. Quería ahogarse en él, en esto, en la crudeza que los había salvado. Mario la jaló del pelo, forzándola a mirarlo a través de los agujeros de la máscara. —¿Te gusta, cerda? ¿Te gusta ser mi puta?— escupió las palabras, cada sílaba acompañada de un empujón brutal. Luisa respondió con un OINK ahogado, la vibración en su garganta haciendo que Mario gruñera de placer. Y cuando él finalmente estalló, llenándole la boca, ella lo bebió todo, cada gota, cada pecado, cada pedazo de la vida monótona que habían dejado atrás. Mario la arrastró por el cabello, como a un trofeo de caza, hasta la cama matrimonial. La máscara de Puerquita quedó abandonada en el suelo, su hocico sonriente mirando al techo como un testigo mudo. Ya no la necesitaban. La bestia estaba suelta. Luisa cayó boca abajo sobre las sábanas arrugadas, aún oliendo a orina y sexo. Mario separó sus nalgas con manos ...