1. Puerquita


    Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... que seguían los sábados por la noche. Se bajó los pantalones de un tirón, la entrepierna empapada de excitación, y antes de que Luisa pudiera reaccionar, escupió en sus dedos y los hundió en su agujero más olvidado.
    
    —¡OINK! —chilló ella, más cerdo que mujer, el sonido estrangulado en su garganta.
    
    No fue un gemido, no fue un quejido. Fue un gruñido de animal, y eso volvió loco a Mario. Se escupió en la mano otra vez, lubricó su miembro a medias y se la metió de golpe.
    
    Luisa se encogió, los dedos arañando el piso de la cocina, pero no se resistió. Quería sentir esa crudeza, esa falta de romanticismo, esa violencia que la hacía sentir viva.
    
    —¡Más, mi cerda! ¡Chilla para mí! —rugió Mario, agarrándola del pelo y tirando hacia atrás, obligándola a arquearse.
    
    Cada embestida era más profunda, más sucia. El sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con los chillidos de cerdo de Luisa, con los gruñidos de Mario, con el roce del plástico de la máscara contra el suelo.
    
    De pronto, él la giró bruscamente, la obligó a mirarlo. Sus ojos estaban vidriosos, perdidos en el juego.
    
    Y entonces, en lugar de un beso… le escupió en la cara. Un escupitajo grueso, caliente, que le resbaló por la mejilla. —¡Asquerosa! ¡Mira lo que me haces hacer! —gritó, pero no había arrepentimiento en su voz, solo puro deseo retorcido.
    
    Luisa, en vez de ofenderse, rió. Una risa ronca, distorsionada por el hocico de goma.
    
    —¡Oink, oink, mi amo! —respondió, moviendo las caderas contra él, ...
    ... pidiendo más.
    
    Mario perdió el control. La posesión fue brutal, primitiva, como si ya no fueran humanos, como si la máscara los hubiera convertido en bestias.
    
    Mario se levantó, tambaleándose aún con el último espasmo del placer recorriéndole los muslos. Sus ojos, vidriosos y oscuros, se clavaron en la figura postrada a sus pies: Luisa, con la máscara de cerdo aun lado, su cara aun cubierta por el escupitajo previo, el cuerpo marcado por el cinturón, las nalgas rojas. Algo perverso cruzó por su mente.
    
    Sin una palabra, desabrochó el resto de su pantalón y lo dejó caer lejos. Agarró su miembro aún semierecto, apuntando no a su boca, no a su sexo... sino directo a su cuerpo.
    
    —Mira, cerda... esto es lo que mereces— susurró con una voz ronca, cargada de una perversidad que jamás hubiera reconocido en sí mismo y entonces, el chorro salió.
    
    Amarillo, caliente, espeso.
    
    Golpeó primero la espalda marcada, luego paso a su frente resbalando hasta su boca, su pecho. Luego bajó, manchando los pechos, filtrándose hacia abajo, entre abrió la boca dejando que algunas gotas entraran probando el sabor salado.
    
    Ella no se movió.
    
    Permaneció allí, recibiendo el flujo cálido como un bautismo sucio, sus ojos se cerraron. No era asco lo que sentía. Era... liberación. El líquido ardía un poco, olía fuerte, penetrante. Pero cada gota que manchaba era una lágrima derramada por la esposa perfecta, la madre abnegada, la maestra ejemplar.
    
    Cuando Mario terminó, jadeante, Luisa alzó la ...
«1234...10»