1. A los Pies de Jennifer II: Confesiones


    Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos

    Antes de sumergirte en esta segunda parte, te recomiendo leer la primera entrega, donde todo comenzó. Ahí conocerás a Hugo, su transformación y la forma en que su dueña, Jennifer tomó control de su deseo. Sin esa historia, no entenderás hasta qué punto llega la entrega aquí.
    
    La tarde estaba nublada, y Hugo caminaba hacia la consulta con la sensación de que cada paso pesaba más de lo normal. Llevaba la misma mochila de siempre, pero dentro no había apuntes de clase, sino la libreta donde había escrito las tareas de Jennifer. La había repasado tantas veces en casa que casi podía recitar cada frase de memoria:“Me excité frente al espejo”,“Me dio vergüenza, pero no aparté la mirada”,“Soñé con ella, no sé si debería escribir esto”.
    
    El portal le resultaba ahora demasiado familiar. El timbre, el pasillo, la sala de espera con su planta impecable y las revistas intactas. Todo igual, como si el tiempo no hubiera pasado. Pero en su cuerpo sí había pasado: desde la primera sesión no había podido dejar de pensar en Jennifer. Cada noche recordaba su voz, sus ojos azules, el cruce de piernas, las órdenes. Y lo peor era que cada recuerdo lo excitaba más de lo que lo asustaba.
    
    Se sentó en la butaca, con las manos apretadas entre las rodillas. Miró la puerta con el cristal esmerilado y sintió ese vértigo que se había vuelto adictivo: la espera.
    
    Entonces lo oyó. Tac. Tac. Tac. Los tacones al otro lado. Su cuerpo reaccionó antes que su cabeza: el estómago se contrajo, la piel se ...
    ... erizó. El pomo giró, la puerta se abrió, y allí estaba.
    
    Jennifer.
    
    La blusa, hoy azul marino, ajustada a su pecho generoso. La falda lápiz negra, los tacones altísimos, el moño rubio impecable. Las gafas que le daban un aire de autoridad fría y, debajo, esos labios rojos que parecían dictar sentencias.
    
    —Hugo. —Su voz fue cálida, pero sin concesiones—. Pasa.
    
    Él obedeció de inmediato, como si la orden fuera natural. Entró en la consulta, que lo recibió con el mismo olor a vainilla y ámbar, el mismo murmullo de la fuente en la esquina, la misma calma clínica que ya sabía que era una trampa.
    
    Jennifer lo invitó a sentarse en el sofá y ocupó su butaca frente a él. Cruzó la pierna despacio, y el sonido del tacón marcó un inicio invisible.
    
    —Bueno, Hugo —empezó, hojeando el portapapeles como si no supiera ya todas las respuestas—. Cuéntame. ¿Cómo ha sido tu semana después de lo que trabajamos?
    
    Hugo tragó saliva. Sabía que no podía mentir. No después de lo que había pasado la última vez.
    
    —Rara. —Se obligó a sostenerle la mirada—. No he podido dejar de pensar en… en lo que hicimos.
    
    Jennifer arqueó una ceja, sin apartar los ojos azules de los suyos.
    
    —¿Y eso te asusta, te excita… o las dos cosas?
    
    El rubor le subió de golpe.
    
    —Las dos.
    
    Jennifer sonrió apenas, y ese filo en sus labios rojos le hizo comprender que el juego ya había comenzado de nuevo.
    
    El silencio tras su confesión pesó como plomo. Hugo intentó sostener la mirada, pero Jennifer no se ...
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