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A los Pies de Jennifer II: Confesiones
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: luciamg, Fuente: TodoRelatos
... Apenas podía pensar. Sentía el corazón en la garganta, la piel erizada, los ojos húmedos por la tensión. No parecía posible que, después de lo ocurrido, ella hablara como si nada. Jennifer anotaba con calma, sin mirarlo, como si estuviera cerrando una ficha de paciente cualquiera. —Has demostrado que puedes confrontar tus inseguridades, que puedes ponerlas en palabras y aceptarlas. —La voz era la de una psicóloga haciendo balance clínico—. Eso es un progreso significativo. El contraste era insoportable. Hacía apenas minutos lo había tenido de rodillas, suplicando por un orgasmo que no le permitió, y ahora sonaba como si estuviera resumiendo un ejercicio terapéutico. —El próximo paso —continuó, con tono seguro— será reforzar tu capacidad de autocontrol. La práctica de detenerte cuando yo lo indico es una técnica que aplicaremos también a otros ámbitos de tu vida. ¿Lo entiendes? Hugo asintió, aturdido. Apenas podía procesar. Jennifer levantó la vista y lo observó un instante por encima de las gafas, con la seriedad impecable de una profesional en pleno ejercicio. —Perfecto. Eso será todo por hoy. El mundo se tambaleó para Hugo. —¿Ya? —preguntó, con la voz rota, sin darse cuenta. —Sí. —Jennifer asintió con calma—. La sesión ha terminado. Hugo bajó la mirada. La erección seguía marcando su ropa interior, sus rodillas dolían por la alfombra, su cuerpo entero estaba en carne viva. Pero ella hablaba como si ...
... todo fuera parte de un simple protocolo. Jennifer dejó el portapapeles sobre la mesa, se levantó y caminó hacia la puerta. El sonido de los tacones sobre la madera lo atravesó como un látigo final. Se detuvo junto al marco, giró apenas la cabeza y dijo con serenidad: —Puedes vestirte. Te espero la próxima semana, a la misma hora. Hugo tardó en reaccionar. Se puso de pie torpemente, recogió los pantalones y la camiseta, se vistió con movimientos desordenados. Sentía el sudor pegajoso en la piel, el cuerpo todavía temblando, el deseo intacto y la humillación golpeándole como una resaca amarga. Cuando salió al pasillo, la sala de espera estaba vacía, igual de tranquila que siempre. El contraste lo mareaba. ¿Cómo podía el mundo seguir igual, cuando dentro de esa habitación había perdido el control de sí mismo? Bajó las escaleras con las piernas temblorosas, con la mente girando como un carrusel sin freno. Una y otra vez se repetía la misma idea: había sido usado, manipulado, humillado… y, aun así, no podía esperar a regresar. Jennifer lo había despedido como a un paciente cualquiera. Pero él sabía la verdad: ya no era solo un paciente. Era suyo. Y lo peor —o lo mejor— era que no quería escapar. Gracias por llegar hasta aquí y acompañarme en esta historia. Me hace ilusión que la hayas leído entera. Si te apetece darme ideas, contarme qué te ha parecido o simplemente charlar un rato, tienes mi correo en mi perfil.