-
Las perversiones de mi hijo. Capítulo 1
Fecha: 26/05/2026, Categorías: Erotismo y Amor Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... tercero no tardó en acotar: “Me encanta, porque es enorme, pero bien redondito y paradito. La de pijas que se habrán metido en ese culo”. Retrocedí, horrorizada. Eran apenas unos adolescente, pero hablaban así de la madre de un amigo. Sin embargo, si bien había sido impactante oírlos, también me pareció un halago en sí mismo el hecho de despertar esos deseos lujuriosos en unos hombrecitos como ellos. Me hice la tonta, retrocedí unos pasos, y volví a dirigirme al patio del fondo que era donde ellos estaban, con la bandeja de galletitas, procurando que mis pasos fueran lo más ruidosos posible, para que se percataran de mi presencia y dejaran de decir esas cosas de mí. Sí, en cuanto a mi apariencia era una MILF en toda regla, pero a pesar de lo que pudieran pensar, no me había acostado más que con mi marido Octavio en toda la vida. Fue mi tercer novio, pero el primero con el que tuve relaciones sexuales. Me quedé embarazada de Dante cuando apenas tenía diecisiete años. Nunca sentí la necesidad de estar con otro hombre. De hecho, en ese momento, ya dos años después de su muerte, no concebía la idea de que otra verga se metiera en mi cuerpo. Era algo muy contradictorio, porque yo era alguien muy sexual, y disfrutaba de la belleza masculina. Fantaseaba con ser poseída, y me dejaba seducir por diferentes hombres. Pero cuando llegaba el momento de la verdad, me rehusaba a hacerlo. Un miedo inefable invadía mi alma. No era culpa. Era algo extraño. Simplemente no me imaginaba siendo ...
... poseída por otro hombre. Volviendo a esa noche en la que creí escuchar a mi sobrina llorar, una vez que me aseguré de verme bien, me puse un camisón de seda. Me até la cinta a la cintura, y salí de mi dormitorio. Mientras me acercaba a la habitación de huéspedes que había puesto a disposición de ella, noté que los sonidos eran cada vez más claros. Aunque también parecía que estaba intentando atenuarlos, quizás con su cara hundida en la almohada. Me paré frente a la puerta. Apoyé el oído en ella. Pero entonces empecé a oír algo más. Un golpeteo. Una especie de aplauso. Conocía muy bien ese sonido. Era el ruido que hacían dos cuerpos copulando. Y ahora que escuchaba mejor, me daba cuenta de que lo de Emilia no era un llanto, sino que estaba gimiendo, aunque en cada gemido hacía un vano intento por reprimirlo, lo que hacía que sonara como algo muy parecido a un chillido. Me indignó el hecho de que haya metido a alguien en la casa, sin mi permiso. No era una mojigata, si me hubiera dicho que tenía una cita lo hubiera entendido, pero la mentira y el secretismo no me agradaban. Emilia siempre me había parecido una chica muy sensata, a pesar de ser una adolescente. Pero por lo visto le gustaba el sexo como a cualquier chica de su edad, cosa que a veces podía instarla a hacer estupideces. Sentí envidia, pues yo misma no había gozado de esa manera desde hacía años. Y desde hacía ya bastante que me había hecho la idea de llevar una vida casta. Me di cuenta de que llevaba varios minutos ...