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La cárcel. Fetiches, humillación y sexo
Fecha: 26/05/2026, Categorías: Fetichismo Autor: elzorro, Fuente: CuentoRelatos
Nota: Esta historia ficticia contiene un poco de todo. Puede haber gente que encuentre la disciplina y el trato humillante inapropiado. Si las flatulencias y cierta dosis de disciplina y sadomasoquismo no son lo tuyo, no sigas leyendo. Sandra es una chica de diecinueve años menuda. Ojos negros, pelo corto del mismo color y cejas pobladas. La mañana en la que la detuvieron en la tienda por hurtar perfumes vestía una camiseta de manga corta negra con un slogan en blanco a la altura de sus tetas que decía “¿qué miras idiota?” y pantalones vaqueros que marcaban un culito firme. Complementaban su atuendo un grueso cinturón de cuero con hebilla plateada, pendientes discretos en las orejas y varias pulseras de tela en su muñeca izquierda. Llevaba puestos calcetines blancos y zapatillas de deporte del mismo color. Pensó que la dejarían libre, pero la pareja de policías que la esposó, una mujer madura y un hombre más joven, tenían otros planes y le anunciaron que pasaría la noche en una celda. -Eso te lo crees tu pringado. -contestó al varón que la detuvo. El insulto, para el vocabulario que manejaba habitualmente, era muy poca cosa y sin embargo, para su sorpresa, el agente sonrió y respondió con unas palabras que sonaban a amenaza. Sandra, en su interior, sintió algo parecido al miedo. No tanto por las palabras en sí, si no por el tono de voz y la sonrisa. Aquella sonrisa no era normal y lo peor de todo es que la mujer, la policía madura, también sonrió y además ...
... de eso la miró de arriba a abajo de una manera que… bueno, una manera que hizo que saltasen todas las alarmas en su cabeza. **************** Sandra se sentó, cabizbaja, en el retrete de su celda. Era de noche y la escasa luz de la estancia provenía de algún lugar en el pasillo. Había dos catres, uno, el suyo, el otro, el de su compañera, una mujer regordeta de cara redonda y rostro duro que se encontraba tumbada de lado en ese momento. Tras dejar escapar un sonoro pedo, el sonido del pis contra la taza resonó en aquel lugar. Su compañera dormía, o se hacía la dormida. Eso importaba poco ahora. Quizás antes de esa mañana, que parecía tan lejana ahora, toda aquella situación le hubiese dado vergüenza. Ahora no, no después de lo que pasó. De vuelta a la cama, los recuerdos volvieron y con ellos las sensaciones. Después de contestar mal, la condujeron, siguiendo el protocolo, a una sala donde entraron ella y la mujer policía. El hombre se quedó fuera. En la sala había una silla, una mesa y ropa. -Vamos a llevar a cabo un examen… y también te cambiarás de ropa. -Informó la mujer. -Pero esto, esto no es una cárcel. -contestó la detenida. La policía la ignoró y tras advertirle que no hiciese ninguna tontería le quitó las esposas. -¡Desnúdate! Sandra tragó saliva. Aquella mujer la miraba con ojos de deseo, apostaría cualquier cosa a que era lesbiana, y no una cualquiera, si no una que goza humillando a otros. Sin darse prisa, se quitó la camiseta ...