1. Mariano Gissel y Valeria (El ascenso)


    Fecha: 27/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Sexo en Grupo Autor: randommx, Fuente: SexoSinTabues30

    El día que Gissel apareció en mi oficina con esos tacones negros que resonaban en todo el pasillo, supe que mi vida corporativa estaba por dar un giro peligroso.
    
    —»Hola Mariano, me enviaron de Recursos Humanos, a partir de éste momento seré tu nueva asistente» —dijo, dejando un café humeante sobre mi escritorio—. Me dijeron que … necesitas ayuda proactiva».
    
    Su sonrisa era tan dulce como cucharada de miel. Yo aún no lo sabía, pero ese café iba a tener el mismo efecto que ella: adictivo y quemante.
    
    Ya conocía bastante bien a Gissel, habíamos tenido mucho mas que simples coqueteos en el pasado, pero en ese entonces era asistente en otro departamento de la empresa.
    
    El primer indicio de que las cosas se saldrían de control llegó a las 3:17 PM. Valeria, una becaria de mi departamento, se asomó a la puerta con una sonrisa que no encajaba con su usual timidez.
    
    —»Gissel, el material del almacén está listo» —susurró, pasándole un USB con uñas pintadas de morado—. «Le puse música de thriller… como indicaste».
    
    Gissel lo guardó en su bolsillo sin pestañear, pero yo alcancé a ver el texto en una etiqueta pegada a él: «INFORME_POLITICAS_EDITADO.mp4″.
    
    —¿Qué demonios grabaron? —pregunté, sintiendo cómo mi corbata se ajustaba sola.
    
    Ella se inclinó sensualmente sobre mi escritorio, el escote de su blusa revelaba más de lo suficiente para llamar mi atención. Esa mujer me ponía caliente, y ella lo sabía.
    
    —»Solo un… ejercicio de team building» —respondió, mientras el ...
    ... USB parecía brincar en su bolsillo—. «Pero si quieres verlo… necesitarás negociarlo con un ascenso, y no es para mí».
    
    Esa noche, cuando el resto de empleados abandonaba el edificio, llamé a Gissel a mi escritorio y cerré la puerta. Le exigí que me mostrara el contenido de su dichoso USB. El monitor brillaba en la obscuridad, iluminando su sonrisa de gata satisfecha mientras el video comenzaba a reproducirse.
    
    Las imágenes eran claras: ahí estábamos nosotros, dos semanas atrás, en el almacén de archivos. Yo no recordaba haberla cogido tanto tiempo sobre la mesa, ni mucho menos haber alzado tanto su trasero como para exponer lo duro que la perforaba mientras sus gemidos rebotaban entre las paredes de metal. Pero ahora lo miraba mientras mi verga crecía de nuevo la evidencia era innegable.
    
    —»Valeria tiene talento para los ángulos, ¿no crees?» —comentó Gissel, abriendo las piernas con lentitud—. «Aunque creo que se olvidó de grabar la parte donde se te ofrece el servicio de limpieza».
    
    Mi estómago se contrajo. Ella ya estaba recorriendo a un lado el frente de su tanga, tenía el control absoluto, y lo sabía.
    
    —¿Qué quieres? —pregunté, tratando de mantener la voz firme.
    
    Gissel apagó el monitor y se acercó, dejando un rastro a perfume de puta cara, y peligro.
    
    —»Quiero que juguemos» —susurró, pasando un dedo por el borde de sus labios vaginales—. «Y cada vez que alguien nos descubra… yo elijo un nuevo rincón de esta oficina. Y tú… obedeces».
    
    La primera vez que nos ...
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