1. Mariano Gissel y Valeria (El ascenso)


    Fecha: 27/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Hetero Sexo en Grupo Autor: randommx, Fuente: SexoSinTabues30

    ... descubrieron fue en la sala de juntas.
    
    Gissel había elegido el lugar con precisión: la mesa de caoba pulida, las sillas de cuero que crujían de forma sospechosa, y ese maldito ventanal que daba directamente al cubículo de Don Felipe, el guardia del turno nocturno.
    
    —»Aquí,» —murmuró Gissel, deslizando un informe técnico hacia un lado— «donde el auditor explica los resultados de las pruebas estáticas del código…».
    
    Sus manos ya estaban desabrochando mi cinturón cuando escuchamos los pasos. Eran zapatos de seguridad. Don Felipe, el guardia, hacía su ronda.
    
    Gissel no se detuvo. Al contrario,bajó mi bóxer con los dientes y susurró:
    
    —»¿Crees que el viejo Felipe solo vigila… o también observa?»
    
    El picaporte de la puerta giró. Yo contuve el aliento, pero Gissel—siempre Gissel—actuó:
    
    —¡Don Felipe! —gritó, fingiendo tos mientras se arrodillaba tras la mesa—. ¡Justo a tiempo! ¡El señor Mariano se picó la nalga con un clavo de las sillas!
    
    El guardia se quedó paralizado, viendo cómo yo, con la cara roja, el boxer abajo, y la respiración entrecortada, asentía como un idiota.
    
    —Sí…clavo… muy filoso— refunfuñe, sintiendo las uñas de Gissel hundiéndose en mi pierna.
    
    Don Felipe tosió, ajustó su uniforme, y murmuró algo sobre «oficinas modernas llenas de sorpresas» antes de irse.
    
    Gissel se inclino sobre la mesa y alzó su falda, la muy zorra no llevaba nada debajo, tenia la panocha bastante húmeda e hinchada. La muy cabrona se excitó de más por un momento que para ...
    ... mi fue vergonzoso. Cuando vi su abundante humedad mi pene respondió al instante.
    
    Me valió verga que Don Felipe nos haya sorprendido, simplemente tomé a Gissel del cabello y la penetré con una furia y un deseo incontrolables. A las tres metidas Gissel ya estaba teniendo su primer orgasmo.
    
    Después de varias posiciones y orgasmos de Gissel, la muy zorra se sube de rodillas a la mesa de reuniones, y recargando su pecho sobre la mesa me dice: —Dame por el culo— tres minutos después ya le estaba llenando de semen ese experimentado pero estrecho ahujero.
    
    Tres horas mas tarde Gissell me manda un texto —¿sabes qué piso nunca revisa Felipe?—
    
    No la respondí, solo me dije a mi mismo —Pinche vieja loca—. Y me fui a dormir.
    
    El piso mencionado resultó ser el archivo muerto del sótano. Un laberinto de estantes polvosos, iluminado por focos que hacían sombras raras sobre las cajas de documentos viejos. Gissel me arrastró ahí un par de días después del incidente con Don Felipe, sus tacones resonaban contra el cemento frío.
    
    —»Aquí nadie suele venir», susurró, empujándome contra una pila de carpetas marcadas como «Confidencial – Destruir 2005». «Excepto por…»
    
    El rechinido de la puerta interrumpió su frase. Tacones bajos. Pasos rápidos.
    
    —¡Gissel! ¿Estás aquí? —la voz de Valeria sonó entre los archivos—. ¡Traje los reportes que pediste y… oh.
    
    Se detuvo en seco al vernos. Yo, con la camisa desabrochada y apretando el culo con la falda alzada de Gissel, ella con mi corbata ...