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La nueva compañera de piso 2
Fecha: 29/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Naira Rose, Fuente: TodoRelatos
Era jueves por la noche y Ana no estaba en casa. Se había ido a ver a sus padres por el fin de semana. Yo estaba solo, tirado en el sillón, con la televisión encendida más como compañía que como entretenimiento. Cerca de la medianoche, escuché la cerradura de la puerta principal. Unos segundos después, Noe entró. Tenía el cabello algo revuelto y la mirada ligeramente vidriosa. Llevaba un vestido negro, corto y ajustado, que le abrazaba el cuerpo como si hubiese sido diseñado para ella. Sus piernas, largas y firmes, brillaban bajo la tenue luz del pasillo. —Hola —dijo, dejando su cartera en el recibidor. —¿Ha ido mal la fiesta? —pregunté, alzando apenas la voz. —No… bueno, no del todo. Fui con una amiga pero se fue con un tipo y… no me quería quedar sola. Me vine. —Se encogió de hombros, con una media sonrisa, mientras avanzaba hacia el living—. ¿Y tú? ¿Qué haces? —Nada especial. Miraba algo en la tele. Pero no le prestaba mucha atención. Noe se sentó a mi lado sin preguntar, como si lo natural fuera compartir el sofá. Su perfume llegó enseguida, mezclado con el olor a alcohol dulce. Sus piernas cruzadas se rozaban contra las mías de forma casual… o no tanto. —¿Estás solo? —preguntó, aunque sabía la respuesta. —Sí. Ana fue a visitar a sus padres. Asintió, y por un momento no dijo nada. Solo miró la pantalla, pero con esa clase de atención que se siente fingida. —¿Te molesta que me haya quedado acá? —preguntó de pronto, girándose hacia ...
... mí. —Claro que no. Es tu casa también ahora. Ella sonrió y bajó la mirada. Luego, sin previo aviso, se quitó los tacones y estiró las piernas sobre el sillón, recostándose ligeramente hacia mí. Su vestido subió unos centímetros más, revelando el comienzo de sus muslos. —¿Seguro que no te molesta? —repitió, esta vez con una voz más suave, más cargada de algo indefinido. Sentí cómo el ambiente cambiaba. Era sutil, pero palpable. Como si algo flotara entre nosotros, invisible pero denso. El tipo de tensión que puede ignorarse… o seguirse. —No me molesta en lo absoluto —respondí. Nos quedamos así un rato. El volumen bajo de la televisión apenas servía de excusa para no hablar. Yo la miraba de reojo, tratando de actuar con naturalidad. Ella lo sabía. Sabía exactamente lo que hacía. Y eso lo hacía aún más intenso. Noe se quedó en silencio un momento. Seguía con las piernas estiradas, recostada en el sillón, la cabeza apenas girada hacia mí. Sus ojos parecían más serenos ahora, como si el efecto del alcohol se estuviera desvaneciendo… o como si hubiese estado sobria todo el tiempo. —¿Puedo decirte algo? —preguntó, sin mirarme del todo. —Claro —respondí, intentando que mi voz no temblara. —Ana me habló de ustedes. Bueno, de ti. —Pausó—. Me dijo que a veces siente que no te gusta su cuerpo. Que piensa que te atraen las mujeres con más curvas… —Sus palabras flotaron en el aire como si acabaran de desnudarme. Sentí una presión en el pecho. No supe qué decir. ...