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La nueva compañera de piso 2
Fecha: 29/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Naira Rose, Fuente: TodoRelatos
... Cerré los ojos un segundo, como si eso me diera claridad. —No es así —mentí, o al menos lo intenté—. Es solo que… no siempre se trata del cuerpo. Noe asintió con una sonrisa triste, pero no parecía convencida. Se incorporó un poco, con las piernas aún sobre el sofá, y me miró directamente. —No la estoy juzgando. Es hermosa. Pero yo la conozco… y sé que cuando empieza a tener esas dudas, se cierra. Y cuando se cierra, se aísla. Y cuando se aísla... bueno, puede llegar a lastimarse sin darse cuenta. Me sorprendió la forma en la que lo decía. No había burla, ni reproche. Solo una sinceridad desarmante. —Y tú también te estás aislando, Martín. Fingís que nada pasa. Que está todo bien. Pero te juro que se nota... que no lo está. Mi garganta se cerró un poco. El silencio volvió, pero ahora tenía peso. Ella lo rompió con un suspiro largo. —Yo no vine acá a meterme entre ustedes. Pero desde que llegué siento… algo. —Su voz bajó apenas—. Y no sé si lo estoy imaginando, o si vos también lo sentís. Mis ojos se encontraron con los suyos. Me sentí expuesto. No como hombre. Como persona. —Lo siento —dije al fin—. No quería… que se notara. —¿Y si yo te dijera que no me molesta que se note? Volvió a recostarse, pero esta vez sus piernas tocaron del todo las mías. No hice nada. No la aparté. Ni siquiera miré hacia otro lado. —No estoy tratando de robarte. Ni de provocarte —dijo, con la vista en el techo—. Pero creo que ambos estamos más solos de lo que ...
... aparentamos. Y entonces me di cuenta de que no era solo deseo lo que flotaba entre nosotros. Era otra cosa. Algo más humano, más difícil. —El tema es que sí... —dije al fin, sin poder sostenerle la mirada—. Siento atracción. Pero no puedo hacer nada al respecto... Amo a mi novia. Noe no dijo nada al principio. Se quedó en silencio, mirándome con una expresión que no supe leer del todo. Tal vez comprensión, tal vez decepción. Tal vez ambas. Entonces, sin una palabra, se puso de pie. Y con calma, bajó lentamente el cierre de su vestido. La tela cayó como un suspiro sobre sus piernas, revelando un conjunto de ropa interior roja que contrastaba con su piel clara y su cabello oscuro. Todo en ella era una declaración silenciosa, un desafío envuelto en suavidad. —¿Qué estás haciendo...? —murmuré, sin moverme. —¿Y si no lo pensamos tanto esta vez? Tomó mi mano con decisión. No con violencia, ni con desesperación. Lo hizo como alguien que sabe exactamente lo que quiere. Me guió por el pasillo, en silencio, hasta la terraza. La puerta corrediza dejó entrar el aire cálido de la noche. Afuera, la ciudad dormía, pero el cielo seguía encendido de estrellas. La pequeña piscina reflejaba la luz tenue del balcón. Noe se acercó al borde y se sentó, mojando lentamente los pies. —Hace calor —dijo, casi como una excusa. Me quedé en la puerta, inmóvil. Podía escuchar el agua moverse, sus piernas chapoteando de a poco. Sentía el calor en el pecho, en la nuca, en ...