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La nueva compañera de piso 2
Fecha: 29/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Naira Rose, Fuente: TodoRelatos
... los dedos. —No tenés que hacer nada, Martín. Solo... quedate. Un rato. Sin pensar. —Me miró por encima del hombro, con esa mezcla imposible de ternura y peligro. Mi corazón latía fuerte. Mis piernas querían avanzar. Mi cabeza, retroceder. Todo estaba tan quieto… que daba miedo romperlo. Me acerqué. Me senté a su lado. El agua nos tocó los tobillos. No dijimos nada por un buen rato. —¿Creés que esto es una mala idea? —preguntó de pronto, con la voz más baja. —Sí —respondí sin pensar. Ella asintió despacio. Luego, sin mirarme, añadió: —A veces las malas ideas son las únicas que nos hacen sentir vivos. El silencio seguía pesando sobre nosotros, espeso, cómplice. Noe tenía las piernas dentro del agua, yo apenas las puntas de los pies. El calor de la noche se mezclaba con algo más que no podía nombrar del todo. Mi celular vibró en el bolsillo. Una sola vez. Después otra. Lo saqué con desgano, como si ya supiera quién era. Ana 💙"¿Estás despierto?" Noe se dio vuelta despacio, miró la pantalla y luego me miró a mí. —Es ella, ¿no? Asentí, sintiéndome culpable solo por tener el celular en la mano. —Deberías contestar. —Sí… —respondí, pero no lo hice. Pasaron unos ...
... segundos. Noe volvió la vista al agua. Después murmuró algo, tan bajito que no estuve seguro de haberlo escuchado bien. —¿Qué dijiste? —Que no vine a seducirte. No como pensás. —Su voz sonaba distinta, como si algo en ella se quebrara—. Vine porque no quería estar sola. Y porque... desde que me separé, no me siento vista. No me siento real. No me siento... nadie. La miré. Esa confesión desarmó algo dentro mío. —Noe… —Solo necesitaba sentirme viva otra vez, aunque fuera por una noche, aunque no pasara nada. Solo eso. Que alguien me mire sin juzgarme. Que me escuche. Dejé el celular a un costado, sin contestar aún. La pantalla seguía iluminada. —Yo también me siento solo a veces —le dije, sorprendido de lo honesto que sonaba. Noe sonrió con tristeza. —Vos tenés a Ana. —Sí… —dije otra vez. Pero la palabra sonó más frágil que firme. El celular vibró de nuevo. Esta vez, una llamada. El nombre de Ana brillaba en la pantalla. La miré. Me miró. Y no hizo falta decir nada más. Me levanté. Tomé el celular. Caminé hacia adentro de la casa. Antes de atender, me di vuelta. Ella seguía ahí, con los pies en el agua, sola en la noche calurosa, pero ahora… algo en ella parecía más en paz.