1. La conocí en el Casino


    Fecha: 30/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Javítelaví, Fuente: CuentoRelatos

    El sábado la pandilla fuimos al Casino. No teníamos mucho dinero para apostar, pero queríamos cambiar un poco de ambiente, cansados un poco de las discotecas. Éramos 5 y lo pasamos muy bien, aunque no ganamos demasiado y había más gente mayor que nosotros, que el mayor no pasaba de 20. Casi todas las tías eran casadas y las no casadas solían ser viudas. Por suerte podíamos beber y jugar.
    
    Casi toda la noche estuvimos juntos, pero poco a poco nos fuimos desperdigando, cada uno en una mesa de juego o en alguna máquina tragaperras. Dani me había dicho que una señora no me quitaba el ojo de encima, pero creí que estaba burlándose de mí y no le di importancia.
    
    Y es que yo, pequeñito, moreno, no muy vistoso, delgadito y bastante callado, no soy que se diga un don Juan, sino todo lo contrario. No ligo ni a la de tres. Pero lo peor es que cuando me he enrollado con alguna de clase (un par de veces nada más) no he pasado de besos y roces. Al contrario que con las chicas de mis amigos, ni nos hemos masturbado mutuamente. Y ya con 19 años vas teniendo ganas de tener más roces.
    
    Cuando me fui a los cuartos de baños y esa señora, en una zona apartada, me agarró del paquete y me puso un billete de 10000 en el bolsillo diciéndome que me fuera con ella a su casa a pasarlo bien, no supe cómo reaccionar. Quise marcharme de allí pitando, pero mis piernas se quedaron clavadas.
    
    —Te he estado observando y me has puesto cachonda, nene. ¿Cómo te llamas, ...
    ... preciosidad?
    
    —Manuel.
    
    —Manuel, yo me llamo Brígida.
    
    Aunque apenas me atrevía a bajar la vista de su cara (demasiado maquillada, parecía un payaso, bastante gorda y poco atractiva, como su pelo rizado oscuro que le llegaba por la espalda; sus labios carnosos además eran un poco repugnantes), pero más o menos ya sabía cómo era: bajita como yo, no más de metro cincuenta, bastante gorda, sus brazos rebosaban carne y su vestido ceñido amenazaba con estallar de un momento a otro, sobre todo en la zona de la barriga, las piernas cortas enfundadas en unas medias negras, algo por el estilo… Una joya, vamos.
    
    Pero su mano en mi paquete, que no atiende a descripciones, sino a presiones, había hecho que mi cosa entrase en reacción, cosa que ella, con una exagerada sonrisa, notó y me besó en la boca babeando la mía.
    
    No sé cómo, pero acabé subiéndome a su coche y acompañándola a su casa con un billete en mi bolsillo. Y seguía perdidamente excitado. Sobre todo porque ella ahora tenía una mano en el volante y la de la palanca de cambios iba a mi polla, dura como nunca la había visto. Su manejo era increíble, pues sin casi enterarme me había desabrochado la bragueta y me la había sacado del calzoncillo. Me decía que tenía muchas ganas de comérmela.
    
    De hecho, paró en un arcén, se quitó el cinto de seguridad, se ladeó y, de rodillas en el asiento, posó su lengua pesada en mi capullo, que estaba brillante de todos los jugos que echaba. Desde la punta, fue pasando su lengua por todo mi capullo, sin dejar de ...
«123»