1. La conocí en el Casino


    Fecha: 30/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Javítelaví, Fuente: CuentoRelatos

    ... resultó). En el suelo, se quitó las bragas y me enseñó por completo su coño. Se tumbó en la cama y se abrió de piernas. Veía una mancha colorada y carne y pelos, pero me tiré sobre ella y empecé a culear como un conejo. Mientras que yo gemía tan sólo, ella seguía con su sinfonía de ruidos espantosos. Cuando derramé dentro de ella mi semen, la loca de la Brígida aulló como una loba y me apretó el culo como una posesa. Fue entonces cuando di mi único grito.
    
    Me levanté haciéndome a un lado. Estaba empapado de sudor. No sabía si era mío o era de Brígida, que parecía una fregona sin escurrir. Yo estaba agotado, pero al parecer ella tenía mucha más ganas de marcha. Intentaba hacerme reanimar a mi gusano con chupetazos y succiones y me ponía su culazo en mi cara. Me dijo que le chupara el culo, que quería que la penetrase por ahí.
    
    Con todo mi asco y mi excitación por darla por culo, exploré su agujero negro y mi gusano se puso como una estaca. Se puso de rodillas y de un golpe la penetré hasta el fondo. Ya el grito fue incalificable. Rebasó los límites permitidos de decibelios. Mis sensaciones eran increíbles, al sentir ese calor y presión (otra cosa no la diré por no ser escatológico).
    
    Temí haberla hecho daño, pero cuando me dijo que la partiera el culo, empecé a azotarla en esas nalgas caídas y ...
    ... puse un ritmo muy duro. Por primera vez se me escaparon los insultos, que a ella le excitaron mucho y se metió el puño en su vagina. Su orgasmo fue impensable. El mío me dejó extenuado y sus nuevos intentos por reanimarme, baño de burbujas incluido, fue inútil. Pese a esto, me decía que estaba encantada y no dejaba de llamarme semental.
    
    Me pidió su número de teléfono (y, menudo idiota, se lo di) y me dejó el suyo. Me dijo que la llamase yo en menos de una semana, que tenía que ser caballeroso. Yo pensaba que ni de coña lo haría, pero mi polla pensaba por mí y esas escandalosas tetas me llamaban y todos los sábados Brígida y yo practicábamos nuevas posturas (incluso dejé que se me pusiera encima y que me dejara como un sándwich). Me da hasta vergüenza confesar cuánto tiempo duró esto y que durante mucho tiempo fue mi mejor opción de sexo.
    
    Pero más vergüenza me da confesar que acabé casándome con ella dos años después, y no precisamente por la dote de Brígida, sino por lo mucho que disfrutaba en la cama. Y también me da vergüenza decir que no la pongo los cuernos con ninguna otra joven tía buena porque el ritmo de Brígida es de cómo mínimo dos polvos al día y me tiene destrozado. Además, ha adelgazado veinte kilos en todo este tiempo y cada día está más buena y más joven y yo cada día la quiero más. 
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