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La conocí en el Casino
Fecha: 30/05/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Javítelaví, Fuente: CuentoRelatos
... repetirme que le encantaba mi polla (de tamaño y grosor normales). Verla bajando y subiendo su cabeza y acariciarme los testículos hizo que me corriera. Ella se tragó todo y luego me besó en la boca. ¡Puaj! Saboreé mi propio semen en la boca de esa vieja… Siguió con su camino y me dijo que le hiciera una mamada por el camino. Me incorporé, no sin asco, y le subí la apretada falda todo lo que pude. Ella ayudaba dando unos pequeños saltos sobre su asiento. La verdad es que ver esas enormes bragas negras volvió a excitarme mucho, pese a que eran enormes. Su olor a excitación me llegaba incluso a través de sus bragas. Metí un dedo en su tirante y luego el otro y tiré para abajo, pero se resistía. Tenía la piel muy clara y el tirante le dejaba marca. Poco a poco fui viendo su abundante pelambrera. Parecía su coño una selva de lo frondosa que estaba. Pelos rizados, abundantes, negros y duros. Metí la mano por debajo, un poco a ciegas, y noté que estaba encharcada. Dio un alarido espeluznante. Le había rozado la vagina. Lo hice todo a ciegas (mitad porque era de noche y mitad porque no me atrevía a abrir los ojos), pero aquel inmundo olor me guiaba hasta su gruta. Separé sus enormes labios superiores y lamí la zona, guiado también por sus gritos y el nivel de flujo que derramaba. Me dijo que le masturbara también el clítoris y, con sus indicaciones, lo hice. Pronto descubrí que estaba delante de una mujer multiorgásmica, porque la tía derramó todo lo posible y más. Y ...
... esto sin dejar de pegar gritos y de insultarme y de dar volantazos por todo el camino. Llegamos a su casa de milagro. Se bajó su falda y yo le metí de nuevo mi endurecido pene. Estábamos delante de un chalé de cuidado. Subimos para arriba y, una vez en su cuarto, se me tiró al cuello y de nuevo su lengua empezó a retorcerse por mi campanilla. Ese ansia por mí me halagaba, excitaba y también me ahogaba, por qué no decirlo. Brígida lo hacía todo por los dos: me desnudaba (la camiseta, los pantalones, las zapatillas, los calzones, todo ello sin dejar de apretarme el culo, los huevos, la verga y sin dejar de besuquearme y morderme) y se desnudaba ella, sólo necesitando mi ayuda para desabrocharse la cremallera por detrás. Y además no dejaba de decir que quería que la tomase, que la hiciese suya, que hacía mucho tiempo que no se la tiraba un hombre de verdad (¿?). Brígida se alegraba mucho de ver que su striptease producía un efecto de crecimiento en mi verga y su autoconfianza se fortalecía. Tendré algún punto de masoquista, porque sus michelines se esparcían por su cuerpo de una forma aterradora, sobre todo cuando se desprendió de la faja de su barriga. Era pálida y sus carnes blandas. Pero la visión de sus pechos rebosantes en ese sujetador talla elefante y sus pezones que eran más grandes que mi boca, me empujaban a chuparla, aunque ella redoblase sus chillidos. Luego se quitó las medias (supongo que quería hacer una pose sexy, pero se resbaló con la alfombra y no ...