-
La confesión: Mi maestro y yo
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Inova, Fuente: CuentoRelatos
Massiel respira lento, sentada frente a Ugo. Él la observa como siempre: serio, atento, dispuesto a escucharla. —Amor… necesito confesarte algo. —Lo suelta de golpe, bajito.— Llevo un par de semanas con esto… y no puedo guardarlo más. Ugo no dice nada. Solo se reclina, cruza los brazos, la mira. Massiel respira hondo. Juega con el borde de su bata, lo acaricia con la yema de los dedos. Massiel: “No fue de la nada… ni fue planeado, te lo juro. Yo solo iba a la escuela, como siempre. Ya sabes: pasillos largos, pizarras llenas de términos médicos, café quemado, el uniforme blanco que me ajusta a la cintura cuando respiro. Yo no hago nada, amor. Solo camino, escucho, tomo notas. Pero a veces siento… siento esas miradas. Y siempre hay alguien mirando…” Narrador En la escuela de enfermería, Massiel pasa casi desapercibida para quien no se fije bien. Morena, bajita, sencilla, cabello suelto que se enreda con la brisa de los ventiladores, un busto moderado, bonito trasero, nada fuera de lo común. Pero para el que se detiene a verla —como Juan, que siempre se sienta atrás de ella y se queda viendo cómo se le marca la tanga cuando se agacha. O Carlos, que finge que la empuja de broma solo para rozarle la cintura. Ella no hace nada, solo baja la cabeza, se hace la seria. Pero por dentro… por dentro le gusta. A veces se detiene en la máquina de café del pasillo. Juega a que no nota esas miradas que la recorren cuando se quita la bata o cuando mete la mano en el ...
... bolsillo y la tela se estira justo donde debería disimular. Massiel lo sabe. Y sonríe. Chiquito. Discreto. Lo justo para que piensen en ella cuando se vayan a su casa. Massiel no cruza las piernas. Nunca lo hace para coquetear. Su forma de provocar es otra: dejar un botón suelto del escote, dejar que el uniforme dibuje lo que debe cubrir. Sonríe bajito cuando la miran, pero no se detiene. Sabe que su forma de tentar no es directa: es quedarse callada, dejarse ver y desaparecer. Massiel: “Me gusta, amor. Me gusta sentir que mientras yo escucho al maestro hablar de anatomía, hay uno atrás de mí pensando en mis piernas. Ellos no hacen nada, claro. Son niños.” “El doctor Víctor no tiene nada de especial a simple vista: en los 50s, bata blanca floja, gafas que a veces ni usa, una voz grave que llena el salón cuando todos están a punto de dormirse. Yo nunca pensé que se me iba a acercar así. Él es serio, siempre habla fuerte en clase, explica todo como si lo leyera de memoria. Yo no soy perfecta, ya sabes. Paso mis exámenes bien, pero no soy la mejor. Por eso no me sorprendió cuando un día me dijo: “Massiel, espera un momento después de clase. Quiero revisar unas cosas contigo.” “Todos se fueron. Me quedé sentada frente a su escritorio, jugando con el cierre de mi mochila mientras él hablaba de mis notas. Me dijo que iba bien… pero que podía ir mejor. Que, si quería, podíamos repasar juntos, con calma, para subir mi promedio.” “Yo solo asentí. Me dio miedo decir ...