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La confesión: Mi maestro y yo
Fecha: 31/05/2026, Categorías: Confesiones Autor: Inova, Fuente: CuentoRelatos
... vez más pesado. La línea entre alumno y maestro, cada vez más delgada. Massiel: “Cuando sentí que estaba detrás de mí, mi voz tembló. Murmuré, dijo algo de “ayudar a los pacientes… o a los doctores… como me explicó…” “Me preguntó si de verdad quería aprenderlo todo. Yo asentí. Tenía miedo, amor. Pero también… algo en mí quería hacerlo. No por él. Por mí. Por ti.” “Me dijo que primero tenía que relajarme… dejarme llevar. Yo solo respiré hondo. Sentí sus manos en mis hombros, bajando lento hasta mis brazos. Me susurró que cerrara los ojos. Que imaginara un turno largo en el hospital… que lo estaba ayudando a relajarse. Yo solo temblaba. Pero no me aparté.” Narrador Víctor le bajó la blusa despacio. No hubo palabras. Le besó el cuello, mordió su oreja apenas respiro y ella se estremeció. Deslizó las manos hasta sus pechos, lento, suave, acariciando sus pezones, sintiéndolos tensarse bajo sus dedos. La hizo levantarse y la llevó a la cama, sintiendo cómo ella respiraba entrecortado. Massiel se dejó guiar, la espalda erguida, la mente dividida entre lo prohibido y el deseo. Massiel: “Me quitó todo, amor. Primero la blusa, luego la falda. Me miraba como si hubiera pagado por verme desnuda. Yo quería taparme… pero me quedé quieta. Sentí sus manos en mi trasero, bajando a mis piernas. Me sentó y las abrió despacio. Puso su boca ahí, entre mis muslos. No podía parar de gemir. Agarré su cabello, como si eso tapara la culpa. Pensaba en ti… Pensaba que no ...
... debía, pero lo estaba haciendo, porque parte de mí quería, porque era mi fantasía y que cuando llegara a casa, te lo iba a decir…” Narrador Así continuó el juego con la boca, hasta que ella explotó en un gemido fuerte, húmedo, mojando la cama, sus muslos tensos, su espalda arqueada. Ella se estiró, tomó su miembro con la mano, lo sintió tibio, normal, promedio —justo como le gustaban. Lo acarició entre los dedos y susurró: —Lo necesito en mí. Víctor se levantó, la giró, la tomó de la cadera. Le murmuró algo sucio al oído. Ella solo asintió, mordiendo su labio. Y él se lanzó. Massiel: “Sentí su cuerpo detrás del mío. Lo empujó despacio… y luego más fuerte. Me sostuvo con firmeza. El calor me subió desde el vientre hasta el pecho. Me mordí los labios para no gritar. Le pedí más. Le susurré: “No pares”. Y no paró. Yo temblaba y movía las caderas al mismo ritmo que él y, entre la culpa y el placer, pensaba en ti, amor. Te lo juro. Pensaba que esto te iba a romper. Que me ibas a odiar. Pero también… también pensaba que tal vez te iba a encantar. Te conozco… sé lo que miras cuando crees que no te veo. Y aquí estoy ahora, contándotelo…” Narrador Ella se queda callada. Ugo le acaricia la cara, la mandíbula. Su respiración ya no es calmada: es pesada, caliente, impaciente. Massiel se muerde el labio, se inclina y pregunta: —¿Y tú… quieres que siga? ¿Quieres oír lo que pasó después? Ugo suelta un suspiro bajo, apenas controlado. Sus dedos se cierran suave en su ...