1. Violada por ir a una Asamblea Regional


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: No Consentido Autor: Dorado Soto Estrella, Fuente: TodoRelatos

    ... con su tanguita negra. Te gustan las cosas finas, ¿eh?"
    
    "Por favor, no," susurré, pero mis palabras fueron ignoradas. El primer hombre me quitó la tanga negra, dejando marcas rojas en mi piel. "Te gustan las hermanitas, ¿verdad?" dijo el segundo hombre con una sonrisa sarcástica. "Ahorita te vamos a convertir en mujer. Desde que te vimos, supimos que te teníamos que reventar y embarazar. Y sabes por qué me gustan las hermanitas como tú? Porque sé que no van a hablar. Si no, les irá peor."
    
    El dolor fue intenso, como si cada parte de mi ser estuviera siendo destrozada. El primer hombre, con una fuerza brutal, me puso en cuatro, como a una prostituta. "Así me gustan, cooperando," dijo, mientras me penetraba con brutalidad.
    
    Sentí cada empujón, cada movimiento, como si mi cuerpo estuviera siendo despedazado. El segundo hombre se unió, colocándose frente a mí y forzándome a tomar su miembro en mi boca. "Chupa, perrita. Muéstranos lo buena que eres," dijo, agarrando mi cabeza con fuerza.
    
    "Por favor, no me embaracen," rogué, pero los hombres solo se rieron. "Eso es lo que queremos, hermanita. Queremos dejarte un recuerdo nuestro," dijo el segundo hombre, mientras el primero continuaba su brutal asalto.
    
    El primer hombre cambió de posición, colocándome boca arriba y levantando mis piernas. "Eres nuestra ahora, nuestra perrita personal," dijo, con una risa cruel, mientras comenzaba con sexo anal. El dolor era insoportable, y sentía como si mi cuerpo se estuviera rompiendo ...
    ... en pedazos.
    
    "Te gusta, ¿verdad? Te encanta ser nuestra perrita," dijo el segundo hombre, burlándose de mí mientras el primero continuaba su asalto. "Sí, sí, así se hace, hermanita. Coopera y todo será más fácil para ti," añadió el primero, con una risa sádica.
    
    El segundo hombre, sin dejar de penetrarme, comenzó a golpear mis nalgas con fuerza, dejando marcas rojas y dolorosas. "Así, así, buena perrita. Tómalo todo," decía, con cada golpe, mientras yo sollozaba de dolor.
    
    El primer hombre, viendo mi sufrimiento, se excitó aún más. "Mira cómo gime, le encanta," dijo, con una sonrisa perversa, mientras continuaba su asalto anal. "Sí, sí, así, perrita. Eres nuestra ahora."
    
    Finalmente, después de lo que pareció una eternidad de dolor y humillación, ambos hombres alcanzaron su clímax. El primer hombre se retiró, dejándome en una posición incómoda, con las piernas aún levantadas. El segundo hombre, con una última embestida brutal, se vino en mi boca, forzándome a tragar.
    
    "Ahí tienes, mi perrita. Un recuerdo de esta noche," dijo el primer hombre, tomando mi tanga negra, ahora manchada de semen, y metiéndola en mi boca. "Y si te atreves a decir algo, ya sabes lo que te pasará. A ti y a tu mamá," añadió el segundo hombre, con una amenaza clara en su voz.
    
    Me quedé en la cama, con el cuerpo temblando y el alma destrozada. No podía moverme, no podía pensar. El dolor entre mis piernas era insoportable, y sentía un ardor que no se iba con agua. Sentí un flujo extraño salir ...