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Violada por ir a una Asamblea Regional
Fecha: 31/05/2026, Categorías: No Consentido Autor: Dorado Soto Estrella, Fuente: TodoRelatos
... de mis mejores amigas. "Sí, solo estoy un poco cansada," mentí, forzando una sonrisa. "Es este viaje, me tiene agotada." Ana me miró con preocupación, pero no insistió. "Si necesitas hablar, ya sabes que estoy aquí," dijo, dándome un abrazo. Asentí, agradecida por su apoyo, pero sabiendo que no podría contarle la verdad. El resto de la asamblea pasó en una neblina. Asistí a las sesiones, participé en los talleres, pero me sentía desconectada de todo. Mis padres notaron mi cambio de humor, pero lo atribuyeron al cansancio del viaje. "Estrella, ¿segura que no quieres ver a un médico? Pareces realmente agotada," sugirió mi papá en uno de los descansos. "Sí, papá. Solo necesito descansar un poco más," respondí, intentando sonar convincente. "Estoy bien, de verdad." Finalmente, el último día de la asamblea llegó. Mis padres y yo empacamos nuestras cosas, listos para regresar a casa. Durante el viaje de regreso, me quedé en silencio, mirando por la ventana. Mis pensamientos estaban en esa noche, en el dolor, en la humillación. Me pregunté cómo podría seguir adelante, cómo podría olvidar lo que había pasado. Al llegar a casa, ...
... todo parecía normal. Mis padres se ocuparon de sus tareas, y yo me retiré a mi habitación. Me miré en el espejo, y apenas reconocí a la chica que me devolvía la mirada. Mis ojos estaban vacíos, y había una expresión de dolor que no podía ocultar. Pasaron los días, y aunque intenté actuar normal, sabía que algo dentro de mí había cambiado para siempre. El trauma de esa noche me perseguía, y cada noche, me despertaba con sudores fríos, reviviendo el ataque. Me sentí atrapada, sola, y sin nadie a quien recurrir. Finalmente, decidí buscar ayuda. Visité a un terapeuta, y aunque fue difícil al principio, poco a poco comencé a abrirme. Hablé sobre la asamblea, sobre la noche del ataque, y sobre el dolor y la humillación que sentía. El terapeuta me escuchó, me apoyó, y me ayudó a entender que no era mi culpa, que yo no había hecho nada malo. Con el tiempo, comencé a sanar. No fue fácil, y aún hay días en los que el dolor regresa, pero he aprendido a enfrentarlo, a aceptar lo que pasó, y a seguir adelante. Sé que el camino es largo, pero también sé que no estoy sola, y que con el apoyo de las personas que me quieren, puedo superar esto.