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La segunda vez
Fecha: 01/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Eunoia, Fuente: CuentoRelatos
Dorita entró en mi dormitorio sólo con la ajustada braguita rosa. Sus pequeños pechos se movían ligeros como dos flanes de pezoncitos dorados, que estimulaban mi salivación como si fuera un perrito de Pávlov. Hacía un calor intenso, y el bochorno de Castelldefels se pegaba en la piel. Yo estaba desnuda y una fina película de transpiración cubría la parte inferior de mis tetas. Dejé a un lado el portátil y unos rizos de mi pelirrojo vello púbico, que sobresalían por encima de la elástica de mi braguita, se mostró tentador para mí misma entre mis muslos rollizos. —¿Quieres hacer el amor, Carolina? Respondí sacando la lengua y deslizándola por los labios entreabiertos. Dori se echó a reír, se bajó la braguita y se tiró en la cama. Yo me quité las gafas dejándolas sobre la mesita. Se tumbó sobre mi abdomen, con las piernas abiertas como un compás. El corto cabello de mi pareja olía como siempre a heno y despertaba mi deseo sexual. Tenía la cabeza de Dorita entre mis pechos; lo acaricié y ella ronroneó dulcemente, frotando la delicada boquita de su conejito contra mi muslo. Pasé mis dedos por su mejilla, jugué con su naricilla respingona y terminé dibujando sus finos labios, que se abrieron con la facilidad de los pétalos de una rosa: yo deseaba los otros, los que estaban escondidos entre la rajita rosada de su sabroso chochito. —Oye, quiero proponerte que le digamos a Luigi… —Dori, debe estar durmiendo ya. —No; estaba hablando con Armando. Oí al pasar que ...
... le decía tonterías románticas. Los ojos almendrados de Dorita miraron los míos e hizo un mohín que sabía irresistible para mí. —Muy bien…; si él quiere. Pero, la primera vez lo dejamos abandonado, mientras tú y yo nos corríamos. El pobre se tuvo que pajear… y ni siquiera lo miramos para calentarlo. Esta vez, lo haremos participar. Si se excita ¿te parece bien que nos ocupemos de darle placer a su pollita?, ja,ja,ja. Dori se irguió y me besó en los labios. Le acaricié el culito y le propiné un cachete suave en cada nalga. Las circunferencias eran tersas y firmes. —¡Cachonda! —le dije. Se levantó y se dispuso a ir a la habitación de su hermano mayor. La forma de sus nalgas me encanta: dos esferitas separadas, exactamente iguales, con dos cráteres en medio. Acababa de cumplir veintiocho años y estaba en la plenitud de su belleza; yo hasta diciembre no cumpliría los treinta. Salió con paso decidido hacia el cuarto de su hermano mayor. ¿Estaría dormido Luigi? Me pudo la curiosidad y salté de la cama en pos de Dori. Al salir del dormitorio vi al hermano de Dorita regresando del aseo. Llevaba un bóxer color carne; el bulto del falo se le marcaba. Dos semanas antes, en plan de broma, yo lo reté a un désavillé en trío, y para mi sorpresa aceptó. Entonces pudimos comprobar que disponía de un buen mandoble, del que disfrutaría su pareja indudablemente. Luigi era homosexual y mantenía una relación más o menos seria con Armando, un barman mucho más joven. Él sabía ...